comodejedefumaralaenesima

Datos personales

Mi foto
Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Hola fumadores, y no fumadores (si entra alguno)

Llevo casi dos años sin fumar; soy de esos que antes de llegar al intento definitivo había fracasado en innumerables ocasiones, tantas que el hecho de plantear en mi entorno que iba a intentarlo de nuevo provocaba la risa.

Llegué a pensar que no podría jamás dejarlo, estaba equivocado, al final lo conseguí, descubrí que sólo es cuestión de buscarse las motivaciones adecuadas para cada uno, seguramente, mis motivaciones son útiles sólo para mí, así que cada uno habrá de buscarse aquellas que le sirvan.

Una de mis motivaciones fué escribir el proceso, invertí bastante tiempo en ello, y eso reafirmó mi compromiso con el no fumar.

No me considero libre de tabaco de por vida, esas hierbas y sus sustancias añadidas son suficientemente cabronas como para hacer que cualquiera que haya estado bajo su dominio pueda volver a caer. Lo que sí creo es que es difícil, sé lo que me ha costado dejarlo y eso es algo que no pienso tirar por la borda así como así.

De cualquier forma no vivo pendiente del tabaco, no me apetece fumar en absoluto, es más, me molesta el humo.

No sé si alguien llegará a leer lo que iré añadiendo en éste blog; si alguien lo hace le agradecería que lo comentase.

sábado, 23 de noviembre de 2013

UN INTENTO FRACASADO; “DIARIO DE UN EX – FUMADOR”

Martes, 02 de octubre de 2007, 14h 00m, el día D y la hora H, llevo mas de dos meses temiendo este momento y a la vez deseando de que llegue.

Me he leído un famoso libro que trata de convencerte de que tienes que dejar de fumar, he guardado el último capítulo para hoy y he encendido el último cigarrillo de mi vida (o eso espero).
Al principio no me ha gustado que el último cigarrillo fuese como ha sido, y no me ha gustado por que me estaba gustando, hubiese preferido un cigarrillo repugnante de principio a fin. Afortunadamente la última calada ha ido acompañada de una desagradable arcada, esa ha sido mi despedida de mi viejo amigo el tabaco, tal y como yo quería que fuese, ese es el recuerdo que espero quede en mi mente como aviso para no volver a reincidir.

A las 15h 00m he entrado a trabajar, en principio podía haberme ubicado en un puesto chollo de esos que previsiblemente no dan mucho trabajo, pero he pedido a una compañera que me cediese su puesto. Ha sido un pleno acierto por que he encontrado lo que hallaba buscando: un sitio donde no pueda parar en toda la tarde, la verdad es que entre el trabajo y el convencimiento que se tiene el primer día, no ha sido muy difícil soportar la tarde sin fumar.
Me he acordado del tabaco, por supuesto, pero no ha sido una tortura, incluso he hallado algo de placer por el hecho de sentirme un no fumador después de tantos años, quizás suene absurdo eso de sentirme un no fumador a las pocas horas de dejar el tabaco, pero es un sentimiento absolutamente terapéutico, ayuda a desafiar al mono por que uno se siente (o trata de sentirse) triunfador desde el primer momento.

Al salir de trabajar he ido hasta casa corriendo, dando algún rodeo he estado 45m trotando bajo una suave lluvia, calculo que habrán sido unos 8 km. He empezado muy mal, la verdad es que llevo unos días fumando como un cosaco con idea de que el tabaco me resulte lo mas asqueroso posible para cuando llegue el día D (puedo sentirme relativamente satisfecho por que en cierto modo lo he logrado). El caso es que conforme pasaban los minutos he ido mejorando y he acabado bastante entero, es posible que nunca entre la gran cantidad de veces que he salido a correr, lo haya hecho tras ocho horas de abstinencia tabaquil, y pienso sinceramente que lo he notado.

Mi desafío es, en cierto modo doble, dejo el tabaco a la vez que dejo el cannabis, no sé cual de las dos cosas terminaré echando mas de menos, espero y deseo que ninguna de ellas aunque algo me dice que terminaré echando de menos la segunda.
Fumar unos porritos es algo muy habitual en mi círculo de amistades, es una forma de salir y en cierto modo es también una forma de vida, si pudiese mantenerme fumando dos canutillos al día lo haría, pero estoy plenamente convencido de que en mi caso no se pueden disociar las dos cosas y que para dejar una tengo que dejar la otra.
En todo caso la decisión está tomada.

Anoche fumé mi último “petardo”, a diferencia del último cigarro en ningún momento deseé que me supiese malo, la verdad es que me supo cojonudo, la pequeña piedra que sobró fue a parar al fondo de la estantería de un armario a la espera de que algún día la escasez haga estragos y algún amigo con muchas ganas de echarse un “peta” se la termine fumando.

Son varias las motivaciones que me llevan a tomar esta decisión, la primera que me viene a la cabeza es mi hijo, no quiero que esté hasta la adolescencia viendo cómo su padre fuma y tenga, de esta manera, la excusa perfecta para empezar a fumar. No quiero ser un padre adormilado, sin ganas de hacer nada que no sea estar tirado en el sofá, quiero recuperar la vitalidad y la chispa que durante tanto tiempo el tabaco me ha robado. Deseo hacer deporte para que mi hijo tenga un padre lo mas joven posible durante el mayor tiempo, en mi caso y como ya he mencionado hacer deporte es salir a correr; siendo fumador (o sea, hasta hace nada) solía salir a correr entre seis y doce kilómetros, espero poder ir mejorando tiempos y aprovechar esa mejoría como un estímulo para dejar de fumar. Quizás pruebe con otros deportes, me encantaría jugar al fútbol, aunque imagino que no es fácil a mi edad encontrar un equipo y, en el fondo me da mucha pereza ponerme a entrenar con veinte tíos que no conozco de nada.

Volviendo a mi hijo, que todavía no tiene dos años, espero que la imagen de su padre fumando no la vuelva a ver, y deseo que las veces que la haya visto se borren de su disco duro y quede como si jamás las hubiese visto.

En cuanto a las recomendaciones que da el libro “para dejar de fumar” que he leído, hay una que pienso saltarme, se recomienda que se eviten los estímulos como guardar el dinero que te ahorras en tabaco ya que se mantiene en cierto modo una relación de dependencia, de tener que triunfar cada día sobre el tabaco para poder echar esos tres euros (quinientas pesetazas) al bote. Lo entiendo y hasta lo comparto, pero voy a correr el riesgo, me hace una enorme ilusión ver como el dinero que habitualmente iba destinado al estanco o a la maquinita del bar de debajo de casa comienza a crecer en un bote. Mi estimación de gasto anual en tabaco viene a rondar las 180.000 pesetas y no quiero privarme del placer de ver como el dinero se va amontonando en la hucha preparada para tal fin.

Miércoles, 05de octubre de 2007, he pasado una noche horrible, aunque quizás no haya sido a causa de haber dejado de fumar, el caso es que no he dormido casi nada. Me levanto de un humor de perros y con un dolor difuso .en el costado izquierdo.

Llevo a las 08h 00m al nene a la guardería y vuelvo a casa dispuesto a dormir lo que no he podido por la noche, ¡ups! sorpresa, en el local de abajo, donde pronto van a abrir la oficina de una entidad financiera, están dale que te pego a los martillos neumáticos, imposible dormir. Tras soltar unas horribles blasfemias, paso la mañana recostado en el sofá y sin grandes incidencias en lo que a dependencia tabaquil respecta.

Trabajo de tarde, como el día previo solicito a mis compañeros ubicarme en el puesto mas activo, lo cual me es concedido sin ningún problema. A media tarde recibo una llamada de la compañera, que ocupa el que debiera ser mi puesto, me dice que hay alguien ingresado en el hospital (trabajo en un hospital) que pregunta por mí. Preocupado acudo al lugar señalado y descubro a mi amigo Xxxxx en una silla de ruedas y con el atuendo propio de alguien que está alojado en el centro, me comenta que el día anterior le descubrieron un tumor en un testículo y que se va inmediatamente a quirófano a que se lo extirpen. Me quedo de piedra, asimilo como puedo la noticia y me dirijo a la sala de espera de quirófanos a ver a la pareja de Xxxxx, la encuentro llorando y acompañada de otra chica y de una pareja de personas mayores que no sé si son los padres de él (mi amigo) o de ella.

Tras un pequeño rato decido que mejor dejarles y esperar en mi puesto de trabajo a recibir noticias de quirófano, para lo cual pido a un compañero ubicado en los quirófanos que me informe. Parece que la intervención ha salido perfecta, ahora sólo queda esperar que se analice el tumor extirpado y se determine si es benigno o maligno, de ser maligno habrá que ver si hay metástasis en otras partes del cuerpo.

Es un duro golpe, por momentos lo que mas me apetece es salir a fumarme un cigarro aunque aguanto el tirón.

Termino mi turno y salgo hacia casa corriendo, como el día anterior cae una fina lluvia que me resulta agradable, el recorrido de hoy es mas corto ya que mi mujer se encuentra mal del estómago y no quiero que esté sola por mas tiempo. En total corro 30m que resultan un poco duros al principio aunque luego terminan siendo bastante cómodos.

Por la noche recibo la visita de dos amigos que vienen a casa a recoger unas cosillas, sé que esta visita va a ser una prueba de fuego ya que ambos son fumadores de porros. Para empezar les doy la pequeña china que me ha sobrado lo que agradecen ya que estamos en una época de gran escasez. De cualquier forma conocedores de mis múltiples fracasos en temas de “destabaquización” se ríen al enterarse de que he dejado de fumar pensando que voy a durar menos que “el cantar de un vizcaíno”, “ya lo veremos” pienso yo.

Se fuman unos petas en la terraza mientras bebemos unas cervezas, coca colas y unos zurracapotes (bebida típica de las fiestas de las localidades riojanas, cuya base es el vino), me asaltan un par de veces las ganas de fumar aunque supero nuevamente la prueba. Cuando mis amiguetes se marchan, me siento fortalecido en mi determinación de no volver a fumar.

La noche es algo mejor que la previa aunque tampoco duermo mucho.

Jueves, 04 de octubre de 2007, me levanto de mejor humor que el día previo, no en vano comienzan mis vacaciones, hoy partimos hacia una casa-rural-granja en la provincia de Zamora.

No he sentido ninguna necesidad de fumar en toda la mañana, ni siquiera cuando he tomado un café en un bar que es un momento absolutamente propicio al fumeteo.
Lo único que me preocupa un poco es que nos vamos y nuestro gato se queda sólo en casa, sé que mi cuñada va a pasarse a cuidarlo, pero me fastidia dejar sólo al animal.
Paso la mañana entre preparar bocatas, compras de última hora, imprimir rutas, terminar de hacer maletas, …. etc, me espera un largo viaje de unas cinco horas.

A partir de aquí tendré que seguir escribiendo en papel ya que mi PC no es portátil.





Aquí concluyó el escrito propiamente dicho, le siguieron unas notas que nunca llegaron a plasmarse en nada concreto, tengo que decir que aguanté las vacaciones sin fumar, que volví a casa reforzado, que tras unos dos meses alejado del tabaco acudí a una cena de empresa y que ahí acabó todo. Volví a fumar.

viernes, 22 de noviembre de 2013

CAPÍTULO I: ENTRAMOS EN MATERIA Y ESTA VEZ NO VAMOS SOLOS.

Domingo 02-03-2008, día 1 de mi era postabaquiana.




Por fin llegó el día, por fin llegó otra vez, he pasado unas cuantas jornadas sin escribir ya que no he dispuesto de tiempo material para ello debido a unos problemas de índole personal, pero la cita de hoy con mi “diario” era totalmente ineludible.



Me he fumado el último cigarro de mi vida poco antes de la medianoche, lo he hecho de manera totalmente clandestina (lo cual hace que un cigarro parezca apetecer mas), lo he hecho en el hospital donde trabajo, en un cuartucho de esos que están semiolvidados por todo el mundo excepto por los fumadores que hacen de ellos su templo.



Resulta curioso cómo ante una prohibición tan tajante y clara como la de no fumar en ningún edificio público y siendo un hospital el edificio público menos indicado para fumar, el tabaco termina abriéndose paso hasta tal punto que, por parte de los responsables de impedir que se fume (sean quienes sean) se acaba por hacer la vista gorda al hacerse imposible sancionar todo lo que sería sancionable.



De los cientos de infracciones que se cometen a diario en mi centro hospitalario contra la llamada ley anti-tabaco ninguna ha tenido consecuencia alguna. De hecho, en cada planta, en cada servicio, tanto el personal trabajador del hospital como los pacientes han terminado por encontrar un sitio donde fumar de una manera más o menos discreta (más menos que más, muchas veces), como para quedar amparados por la manga ancha que existe al respecto.



Conste que un servidor no está de acuerdo con la severidad de la mencionada ley anti-tabaco y considera injusto que el Estado promueva medidas tan agresivas contra el fumador cuando ese mismo Estado lleva años dejando que se promocione el tabaco y obteniendo sumas enormes de dinero con los impuestos con que grava al producto.



Una interpretación, que no sé si será cierta o no, aunque sí que es maliciosa, sobre este cambio de actitud es que el gasto sanitario se ha incrementado ya que las altas tecnologías pueden tratar hoy en día casos que anteriormente se consideraban incurables y que el coste de estos tratamientos ha superado el beneficio que se obtiene con los impuestos derivados del tabaco.



Insisto, no sé si esta teoría será o no cierta por que no dispongo de los datos, ahora bien, por lógica parece tener una lógica aplastante.



Llevo una semana “de adaptación” tomando unas pastillas que, según me explicó Cristina (ya explicaré quién es Cristina), actúan sobre las neuronas directamente dando sensación de saturación a la parte de las mismas que hace que te apetezca fumar.



Si el método es así puede resultar de gran ayuda para arrancar, como yo me temía y Cristina me confirmó en nuestra última entrevista, el tratamiento de pastillas no va a ser una solución mágica, así que tras haber arrancado tendré que hacer yo el esfuerzo para volar.



En el hecho de fumar hay un factor psicológico que tal vez tenga que ver con el vaquero de Malboro, o con el tío duro que fuma en una película, o con ese intelectual que parece que piensa mucho mejor cuando inhala humo o con ese entrenador de fútbol que alivia el sufrimiento del banquillo con un cigarro, …, en definitiva, con una estética que se nos ha inculcado en la era del boom de las comunicaciones y que ha tenido un impacto tan profundo sobre nuestros maleables cerebros.



Tan profundo ha sido el impacto que el hecho de tener un cigarro entre las manos se ha convertido para nosotros, los pobres fumadores, en algo que es mas que necesario, es algo absolutamente imprescindible.



Se extrae de aquí, o por lo menos yo lo extraigo, un enorme contrasentido: resulta que algo que se supone lúdico, placentero y divertido deja de ser voluntario para pasar a ser inevitable, una conclusión totalmente absurda.



Volviendo al tema de las pastillas, he de decir que me han ocasionado algún efecto secundario, hacía algún tiempo que había dejado de tener ese estómago de acero que me había caracterizado durante mi infancia, adolescencia y juventud, pero de un tiempo a esta parte me he convertido en una persona propensa a las gastritis. Podría achacarlo a algún factor externo que diferencia las etapas antes mencionadas de la actual, pero no sé si el factor al que me refiero, o sea, mi hijo (que tiene dos años y me contagia todo lo que contrae en la guardería multiplicado por cien) es lo suficientemente consistente como para echarle la culpa.



Padecí además, hace muy poco tiempo, un proceso que me llevó al servicio de Urgencias que, según me explicó el médico que me atendió, era un principio de úlcera gástrica que sanaría fácilmente y seguramente no dejaría consecuencias. No puedo dejar de señalar lo mal que lo pasé, lo mal que me sentaban los cigarros en esos momentos y lo exactamente igual que me los fumaba.



El caso es que con las pastillas he tenido algún problema gástrico por encima de lo normal, éste problema es algo totalmente previsible ya que figura en el prospecto de la caja como un posible efecto secundario, quede claro que doy por bien empleados esos dolores y aquellos que puedan venir de ahora en adelante si a cambio de ello dejo de fumar.



Soy una persona con experiencia infinita en lo que respecta a dejar de fumar, conozco perfectamente el concepto de último cigarro por que los he tenido a decenas, hace dos días comenté a mi amigo Ramón que, de nuevo, iba a intentar dejar de fumar. Mi amigo Ramón me dijo que nos conocíamos desde hace ya bastantes años y que desde el primer día yo ya estaba hablando de intentar dejar de fumar.



La experiencia en sí del último cigarro, me hace sentir un poco ridículo, trato siempre de fumármelo concentrado en lo que estoy haciendo, consciente de que son mis últimas bocanadas de humo, viendo y sintiendo cómo, con el cigarro, se consume mi etapa como fumador; nunca lo consigo. Mi cerebro termina siempre por los cerros de Úbeda pensando en mis problemas laborales o en lo que tengo que hacer al día siguiente o en cualquier otra cosa.




Una vez llegué, incluso, a escribir en el mismo cigarrillo la palabra “ÚLTIMO” con rotulador negro para ver cómo se consumía letra por letra, aquella vez recuerdo que cómo símbolo de mayor reafirmación regalé mi mechero al compañero que trabajaba conmigo aquella tarde.



No habían pasado dos horas de aquello y ya estaba en mi casa con un paquete de tabaco y un mechero recién adquiridos en uno de los bares de mi barrio.



Otra vez tiré al agua uno por uno todos los cigarrillos que me quedaban en el paquete, que vendrían a ser siete u ocho, como gesto para reafirmarme en la cruzada de liberación que había emprendido para expulsar al sucio tabaco de mi cuerpo. No dejé pasar el primer estanco que se cruzó en mi camino sin comprarme un nuevo paquete, afortunadamente aquella vez conservé el mechero.



Podría contar muchas anécdotas tan ridículas o más que éstas, de momento voy a dejarlo.



Dentro de unos días vuelvo a tener una entrevista con Cristina, que es la psicóloga de la unidad anti-tabaco del Servicio de Salud de mi comunidad, la verdad es que me siento un poco responsable ante ella y no quiero decepcionarla. Soy plenamente consciente de que lo que acabo de decir es una tremenda estupidez, mi responsabilidad se dirige, principalmente hacia mí mismo, hacia mi mujer y hacia mi hijo, pero no creo que sea malo que me motive el hecho de que, para la persona concreta que me va a ayudar en todo esto y con quien voy a hablar de ello, mi caso suponga un triunfo.



Sea estúpido o no, es un factor, uno más, que se suma a los muchos que tiran de la cuerda en la dirección del “no fumes” y lo valoro, por tanto, positivamente.



En ningún caso le considero como alguien que me controla por que esa función recae en exclusiva sobre mí mismo y por que si así fuese correríamos el peligro de que se convirtiese en alguien inquisidor o fiscalizador, creo que Cristina es alguien que me va a ayudar y pienso que su ayuda me va a resultar un gran apoyo.



Me ha costado mucho llegar a pedir ayuda para dejar el hábito, siempre me imaginé, sin fundamento alguno, que el tratamiento consistiría en reuniones parecidas a las de los alcohólicos anónimos de las películas norteamericanas en las que sale uno diciendo:



-“Hola, me llamo Sam y soy alcohólico”

A lo que responden todos a coro como auténticos autómatas desposeídos de toda personalidad.

-“Hola Sam”

Acto seguido, comienzan uno tras otro a relatar historias de miserias lamentables del tipo:

-“Perdí todo mi dinero, mi mujer me abandonó huyendo con mi mejor amigo y me echaron del trabajo sin indemnización alguna, pero ahora estoy bien”.



A veces nos hacemos ideas equivocadas de las cosas por prejuzgar sin tener base alguna.

jueves, 21 de noviembre de 2013

MI TABLA DE NIVELES DE TENTACIÓN

Nivel 1 Pensamiento tabaquil pasajero de intensidad baja y duración breve.


Nivel 2 Momento rutinario de fumar, ejemplo: Tras comer un día cualquiera y al tomar café.


Nivel 3 Momento especial de fumar; ejemplo: Tras comer cuando hay visita y si la visita fuma.


Nivel 4 Tentación que resulta cuando salgo un día normal de juerga.


Nivel 5 Tentación que resulta cuando salgo un día muy especial de juerga, ejemplo: Nochevieja.







Esta tabla procede de mi propia factoría y no es sino un intento por establecer unos baremos supuestamente objetivos, que por lo menos para mí lo son, según los cuales pueda medir el nivel de dificultad que conlleva no fumar cada vez que me siento tentado a hacerlo.

YA ESTAMOS EN CAMINO

Llevo dos horas sin ser fumador y lo estoy llevando bastante bien, sé que puede parecer ridículo pero es así, podría llevarlo muy mal a estas alturas, lo sé por experiencia.



A partir de ahora tengo que concentrarme en prever, en la medida de lo posible, aquellos momentos que sé que van a ser mas complicados. Sin ir mas lejos, el miércoles veré un partido de fútbol en el bar que hay debajo de mi casa, se trata de dos horas de permanencia en un establecimiento, rodeado de fumadores, bebiendo cerveza (que es un factor que predispone) y soportando los nervios del partido, que, a buen seguro van a ser muchos, en fin, lo que se dice una auténtica prueba de fuego.



No pienso eludirla, y como para chulo yo, mi objetivo para ese rato es mucho más ambicioso que conseguir pasarlo sin fumar, quiero que sea un rato agradable y no pasar una tortura al estar condicionado todo el rato por el hecho de que ya no fumo.



Hasta mañana.



Aquí estoy, 24 horas mas tarde, la verdad es que no puedo quejarme a pesar de que algunos momentos de debilidad he tenido, pero han sido pocos y no muy intensos. El primero de ellos ha tenido lugar a la hora del desayuno, algo totalmente previsible, creo que ha sido el peor de todos, contabilizaría otro después de comer, otro a media tarde cuando he estado con mi hijo en el parque rodeado por otros padres fumadores que ejercían (de padres y de fumadores), y otro más tras la cena.



Es lógico pensar que los momentos en los que he tenido deseo de fumar son exactamente aquellos en los que en mi anterior vida de fumador la ingesta de humo era algo ineludible.



No me va tan mal, además no he tenido molestia estomacal alguna derivada de las pastillas, imagino que sería un golpe (digo yo que superable) el tener que suspender el tratamiento para empezar con otra cosa ahora que he depositado tantas esperanzas en éste.



Creo sinceramente que las pastillas me están ayudando; en el aspecto físico noto que tengo menor apetencia por el tabaco, me resulta un poco difícil relacionar la palabra tabaco con la palabra apetencia, ya que en realidad, un escasísimo porcentaje de los cigarrillos que me fumaba me apetecían, tampoco me gustaban, ni me relajaban, ni me producían satisfacción alguna, quizás la palabra más apropiada para este caso sea compulsividad. Es como si me crease yo solito un hueco y, acto seguido, me impusiese la obligación de llenarlo, o sea, me creo un problema y la solución que obligatoriamente tengo que darle es otro problema añadido.



En lo que respecta al aspecto psicológico, las pastillas ejercen sobre mí, también, una influencia positiva, resulta que he ido a la unidad anti-tabaco, me he reunido con la psicóloga de dicha unidad, he tenido que ir luego a la consulta de mi médico de cabecera a que me suministrase el fármaco, he tenido que planificar cuidadosamente el paso de ser fumador a no serlo en función del tratamiento exacto que la toma de las pastillas conlleva, he pasado por dolores gástricos que en alguna ocasión han sido muy fuertes, …, me queda la sensación de que no hay otra que tirar para adelante o hacer el gilipollas. Por explicarlo de una manera más gráfica, todo lo que he hecho en este intento, que no había hecho en otros, ha sido un poco como el gesto que hacían algunos de los conquistadores españoles cuando llegaban a las inexploradas tierras americanas al destruir sus barcos.



Ese gesto, plasmado en la actualidad en la expresión “quemar las naves”, es un compromiso serio e inequívoco de que no hay lugar para volver atrás, un gesto para dejarse claro a uno mismo que la decisión tomada tiene que estar siempre por encima de aquellos momentos de debilidad que, a buen seguro, van a terminar apareciendo en el horizonte.



Tengo que tener mucho cuidado con la sensación de euforia que produce la victoria asumiendo en todo momento que las victorias obtenidas hasta ahora son únicamente batallas ganadas, pero que una sola batalla perdida supondría la derrota total en la guerra, bajo este punto de vista es un poco injusta la contienda.

Es vital no bajar la guardia.



Las múltiples ocasiones en las que he intentado dejar este vicio han de servirme de experiencia para no volver a caer en los mismos errores aunque, siendo realista y crudo, en esencia el error común a todos mis intentos ha sido uno: el autoengañarme con la idea de que por fumarme un cigarrillo no pasa nada por que está todo controlado.



¡Que sencillo parece!, con no hacerlo otra vez ya tengo la batalla ganada.



Y es que cuando hablo de autoengañarme lo hago por que, en el fondo de mi corazón y de mi cerebro, sabía que tras ese único cigarrillo iban a venir todos los demás, es como si tuviese dos cerebros que funcionasen de manera independiente, como si el cerebro “partidario” de volver a fumar convenciese al otro de que “por uno no pasa nada” como si, a su vez, el canelo del cerebro “partidario” de no fumar se dejase engañar a sabiendas de que estaba siendo engañado. Y es que no hay nadie más fácil de convencer que aquel que quiere ser convencido.



El último intento serio que tuve para dejar de fumar (cuyo correspondiente escrito he insertado al principio) tuvo más o menos el siguiente proceso: en un principio lo preparé todo de manera meticulosa, había leído por octava vez (por lo menos) el libro “de dejar de fumar” impregnándome de convencimiento, la fecha: un día pasadas las fiestas de mi ciudad tras el cual, nos íbamos mi mujer, mi hijo y yo a pasar unas reposadas vacaciones en una zona netamente rural.



Todo fue como la seda, sólo el largo viaje, de unos cuatrocientos kilómetros, fue un poco duro, aproveché las vacaciones para salir a correr por las inmediaciones de la aldea donde nos hallábamos alojados consiguiendo en una semana una espectacular mejora en el aspecto físico que me sirvió para reafirmarme en mi decisión. Mejoró mi vitalidad, que es un elemento fundamental cuando se tiene un hijo que ronda los dos años, mi capacidad de concentración, mejoró de manera increíble mi aptitud para saborear comidas, todo me sabía mucho más y mucho mejor, …, mejoró todo.



Había empezado a escribir algo parecido a esto, e incluso le había puesto título: “diario de un ex-fumador”, en fin, volví a Logroño sintiéndome muy fuerte, seguro de que nunca jamás iba a volver a ser como esos pobres desgraciados que renuncian a un montón de cosas fundamentales en sus vidas a cambio de una sensación que ni siquiera resulta agradable.



La reincorporación al trabajo resultó fácil, tras ella, seguí sintiéndome un ex-fumador orgulloso de serlo, la situación idílica se prolongó mas o menos durante unos dos meses hasta que llegó una fecha fatídica en la que yo sabia que tenía una cita que suponía una situación de altísimo riesgo, se trataba de la cena de navidad de empresa.



Barajé en un principio incluso la posibilidad de no ir, sabía que iba a ser una situación muy dificultosa y hoy pienso que mejor no hubiese ido a esa cena, aunque si caí en esa circunstancia ¿quién me dice que no iba a caer en otra situación parecida en otro momento?



El caso es que, sin poder explicar muy bien cómo, me planté en el bar donde habíamos quedado los compañeros con una caja de cinco puritos en el bolsillo. No sé que extraño mecanismo se accionó en mi cerebro que me llevó a concluir que los puritos no son tabaco y que por fumar algo que ni siquiera es tabaco, en ese momento puntual y tan señalado, no pasaba absolutamente nada. Ya me había demostrado a mí mismo la fortaleza que tenía frente a los cigarrillos.



En el fondo sabía que me estaba engañando a mí mismo, pero, de haberlo admitido jamás hubiese comprado esa cajita de puros.



Me fumé los cinco, mas unas caladitas de un par de porros que llegaron a mis manos mas un par de cigarros que me dio algún compañero, cuando llegué a casa, aun estando en ese momento en una situación de notable embriaguez, era plenamente consciente de que mi status de no fumador ya no era tal, se había iniciado de nuevo el proceso, por mí archiconocido, que irremediablemente me terminaría llevando a recuperar los niveles de tabaquismo anteriores. Así fue.





Comenzaba de nuevo todo, otra vez, con algo de perspectiva, me resulta increíble el haber caído de esa manera: en un momento que yo sabía que era de altísimo riesgo y mediante un autoengaño que yo sabía que era un autoengaño por que la enorme experiencia acumulada así me lo demostraba.



En fin, poco más voy a escribir por hoy, sólo quería comentar que el inicio del texto era otro, comencé una semana antes, pero por una torpeza en el manejo de mi ordenador todo lo anterior a lo aquí expuesto se ha volatilizado en el mundo de los bits.



Quizá sea para bien, me veo ahora mucho mas metido en materia que cuando comencé.

martes, 19 de noviembre de 2013

VAMOS PROGRESANDO

Veinticuatro horas más, hoy ha sido un día fantástico en lo que respecta al tema que nos ocupa, ha sido estupendo por que, además de haber permanecido otras veinticuatro señoras horas sin fumar, me ha resultado bastante fácil, las tentaciones han sido muy pocas y de intensidad bastante baja.




Sólo puedo contabilizar una un poco fuerte, ha coincidido con una visita de mi cuñada, ella fuma pero sé que le gustaría no fumar, cada vez que venía a casa nos fumábamos un cigarrito en la cocina, al final, a base de repetir esa situación cada visita de María, que así se llama, es asociada por mi cerebro con echarse un cigarrito para el pecho.



A pesar de la facilidad con la que estoy soportando estos primeros días, sigo sin bajar la guardia, no voy a dejarme llevar por la euforia que al final pasa lo que pasa.



Por cierto, otra buena noticia, las pastillas no me han producido ningún efecto adverso.




Hubo una pregunta que me llamó la atención en la última entrevista que tuve con Cristina, es una pregunta que viene de cajón para cualquiera que desee abandonar la ingesta de humo; me dijo: “y tú,…, ¿por qué quieres dejar de fumar?”. Lo sorprendente de esta pregunta es precisamente que me sorprenda que me la formulen. Es posible que esa pregunta ya hubiese llegado a mis oídos con anterioridad o que ya la hubiese leído en algún lado pero no recuerdo haber meditado profundamente sobre la respuesta. A veces tenemos algo a un palmo de nuestra nariz y somos incapaces de verlo.



Me sorprendí a mi mismo por lo rápido que reaccioné ante esa pregunta que inexplicablemente nunca me había hecho con la seriedad que merece y por lo acertado de mi respuesta. “Por mi salud” le dije. Meditándolo mas tarde, creo que no podía haber respondido nada mejor, ese es el motivo principal, si ese motivo no existiese, seguramente no dejaría de fumar; y si sólo existiese ese motivo seguro que mis ganas de dejarlo serían las mismas que ahora.



No quiero dar a entender que el resto de motivos no sean importantes, que lo son y mucho, sólo que el tema de la salud es el único motivo verdaderamente determinante.



Respecto a la salud veo dos aspectos que me parecen distintos:

- La salud, entendida como el estado físico que tenemos en el día a día, la capacidad para subir por unas escaleras hasta un segundo piso sin notar que los pulmones no pueden coger mas aire, el poder estar un par de horas corriendo detrás de mi hijo sin tener que sentarme tres o cuatro veces por que me canso, el tener una vitalidad suficiente como para estar una mañana entera haciendo cosas sin llegar al mediodía a casa con la sensación de estar hecho polvo. Es la salud cotidiana.

- La salud, entendida como la preservación del cuerpo ante futuras enfermedades potencialmente graves, creo que a todo fumador le aterra pensar o por ello evita pensar que prematuramente pueda sobrevenirle un cáncer que termine con su vida antes de tiempo tras un doloroso periodo de agonía. Es una perspectiva terrible que, sin embargo, no disuade a los fumadores de seguir tragando todos esos productos cancerígenos que el tabaco deposita en nuestro cuerpo, no disuade a los fumadores de entrar a jugar en esta lotería macabra. No nos afectan las estadísticas, o sí, pero no de forma suficientemente intensa como para que el fumador deje de serlo al momento. Imagino que es una conducta que entra dentro de lo normal para los miembros de nuestra especie, todos hemos oído hablar de la cantidad de gente que muere en accidentes de tráfico por no llevar puesto el cinturón de seguridad y, sin embargo, hay muchos conductores y acompañantes que todavía son incapaces de ejecutar un gesto tan sencillo como ponerse el cinturón. Hay una frase del libro “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo” que me impacto enormemente, es algo así como “¿será el próximo cigarrillo el que inicie el mecanismo que de lugar a la aparición de un cáncer?”. En mi grupo de amigos ha tenido lugar una casualidad de esas que parecen desafiar al mundo de la estadística, de los diez o doce integrantes que podamos ser, el único que está sufriendo un proceso canceroso es el único que no fuma ni ha fumado nunca, no bebe y apenas ha bebido nunca, o sea, a priori el mas sano de todos. La conclusión que se puede extraer es tan inmediata como errónea, las estadísticas manejan datos que se sacan en base a una enorme cantidad de “muestras”, un hecho aislado es también parte de la estadística aunque el porcentaje de probabilidades de que ocurra es menor. En ningún caso por que ese hecho se haya producido quedan comprometidos los resultados de la estadística.



En fin, ya son tres días, mañana serán cuatro días sin fumar, seguro.



Ya estamos de nuevo aquí y vamos a por el cuarto día, me he despertado, mas o menos, a las ocho de la mañana y ya he hecho frente a las habituales obligaciones matutinas que consisten básicamente en preparar a mi hijo (despertarlo, acercarlo a la taza del water para que haga sus cositas, preparar desayuno, dárselo, vestirlo y asearlo) y llevarlo a la guardería.



La pastilla de por la mañana (que ahora tomo dos, una por la mañana y otra por la noche) me ha causado cierta sensación de nausea que, afortunadamente, no ha pasado a mayores. Afronto el nuevo día con la guardia en alto y consciente de que es una jornada peligrosa por que hoy se celebra el partido que mencioné anteriormente, al final del día espero poder decir “prueba superada”.



En este nuevo intento para dejar de fumar he tenido suerte ya que coincide con que mi mujer (Lucía) está embarazada y ella, que en otras circunstancias es fumadora habitual aunque no fume tanto como yo, ahora no fuma, es, por tanto, el ambiente hogareño absolutamente propicio para la consecución de mi objetivo.



Por cierto, ella dice que cuando está embarazada (que ya es la segunda vez) deja de apetecerle fumar de forma natural, creo que después de que dé a luz tratará de seguir sin fumar, ya le he notado algún interés por el método que yo estoy siguiendo.



Por otro lado, y sin abandonar el ámbito familiar, no quiero que mi hijo Marcos ni el que venga me vean a partir de ahora con un cigarro entre los dedos. Los niños tienden a imitar todo aquello que ven, especialmente en sus padres, y, además, muchas de las imágenes que perciben a tan temprana edad se quedan grabadas a fuego en sus retinas.



Me sentiría deslegitimado en un futuro para aconsejarles que no fumen si ellos me han visto toda la vida fumando. Ojala jamás fumen ese primer cigarro que, en multitud de ocasiones, es seguido por cientos y cientos de cigarros más.

lunes, 18 de noviembre de 2013

SOBRE CÓMO EMPECÉ A FUMAR Y LO QUE ES PEOR; SOBRE CÓMO CONTINUÉ

No tengo un recuerdo muy claro de cómo fue mi primer cigarro, lo que sí sé es que estuve fumando en la clandestinidad durante bastantes años hasta atravesar la mágica barrera de los dieciocho años que parece que te abre las puertas a todo.




Sí tengo clara una imagen mía a los catorce junto a muchos compañeros de clase de lo que se llamaba octavo de Educación General Básica fumando a la entrada de un garaje cercano al colegio donde estudiábamos. Fumábamos el tabaco que hubiese, había una marca que a mí me daba bastante dolor de cabeza, y siempre había una cabecita asomándose a la calle por si algún profesor o cualquier persona, que pudiese resultar incómoda en esos momentos, se acercaba. Nuestro sofisticado sistema de vigilancia falló en más de una ocasión dejando al descubierto para el que nos pillaba una ridícula escena en la que un montón de niños trataban de ocultar una evidencia que saltaba a la vista. A pesar de ser pescados “in fraganti” en varias ocasiones, no recuerdo yo que ello acarrease consecuencias tales como ir con el cuento a los progenitores, eran otros tiempos. Tiempos en los que en una tienda de golosinas, la que estaba en frente de mi colegio sin ir más lejos, te vendían cigarrillos sueltos a un módico precio, algo que hoy resultaría inconcebible.



De esa misma época tengo alguna que otra imagen de los amigos del pueblo fumando en el chamizo o en alguna era lo suficientemente discreta como para no ser avistados. En el pueblo era más sencillo delinquir sin peligro.



Mi siguiente etapa como fumador fue la de la edad del pavo, que, en mi caso, es la que va de los quince a los diecisiete años, en esta fase pasé a otro centro educativo para cursar lo que antaño se llamaba B.U.P., o sea, Bachillerato Unificado Polivalente. El cambio de un centro a otro fue para mí brutal, ya que pasé de un colegio exclusivamente masculino a otro mixto, ésto influyó en mi comportamiento en buena medida, digamos que aceleró el paso de niño a adolescente.



En lo relativo a fumar, que es lo que aquí importa, se produjo una especie de liberación, en el patio del centro se podía fumar sin que nadie te dijese nada, nadie excepto el típico gorrón que venía un día tras otro a pedirte tabaco, parece ser que en este aspecto éramos considerados como personas adultas. En el ámbito familiar se produjo en esta época una especie de relajación que no llegaba a ser tampoco una carta blanca, digamos simplemente que la persecución se relajó. Como ya he dicho en esta etapa pasé de ser un niño a ser un adolescente, cuando era niño, era niño y punto, no creo que tratase de fumar por el hecho de parecer mayor, o, por lo menos no creo que fuese este el motivo principal simplemente fumaba por que el resto de mis compañeros, o muchos de ellos fumaban.



A partir de los quince años fumaba por que ya había caído plenamente dentro de la red publicitaria o propagandística que los empresarios tabaqueros habían tendido para tal fin y supongo que quería identificarme con esa imagen que ellos proponían para mí.



Hacia la mitad o el final del primer año de B.U.P. pudo ser el momento en el que me vinculé con todas las consecuencias al vicio. Hacia la mitad de éste periodo, o sea, en segundo de B.U.P. apareció ante mí el mundo de los porros, ya había probado alguno anteriormente pero siempre por mediación de otros, a partir de ese momento comencé a entrar de manera lenta pero segura por esa puerta.



Mas tarde llegó la etapa de la juventud, digamos que va desde los dieciocho hasta los treinta y uno, del sitio donde había cursado el Bachillerato exitosamente pasé a un centro para cursar dos años de Formación Profesional.




Terminaron siendo cinco y, aún así, no logré llevarme titulación alguna bajo el brazo. Lo de “no logré” es una forma de decirlo ya que, siendo fieles a la verdad, tengo que decir que ni siquiera lo intenté, pasé cinco años sin pensar en otra cosa que en fumar (tabaco sólo y torrefacto), en beber y en salir de juerga con mis amiguetes.



Además disponía de dinero para todo ello, ya que trabajaba en una fábrica los fines de semana y de lo que me pagaban entregaba en casa la módica cantidad de cero ptas., que al cambio son cero €.



Gracias a la insistencia de mis padres retomé los estudios por una rama que me resultaba mucho más estimulante y salí fuera de mi ciudad a cursar dos años. El resultado académico fue satisfactorio y hoy en día trabajo en lo que trabajo gracias a ello.



Tras eso vino el servicio militar en el que únicamente, y a Dios gracias, permanecí cuatro meses y un posterior divagar por diferentes trabajos a cual peor.



En esta fase mi condición de fumador está más que asentada, se establecen unos niveles de consumo que me han acompañado hasta el domingo pasado y se asienta definitivamente en mi dieta el consumo masivo y muchas veces descontrolado de cannabis.



Hacia los treinta y uno se produce un asentamiento en mi vida, el chico conoce a la chica, se lían en San Fermín y son novios durante un tiempo, se casan y tienen el primer retoño. En lo referente al tabaco, esta época (que dura hasta el pasado domingo) es, como ya he dicho de unos niveles altos y mantenidos, hago otras cosas pero fumo igual.



El tema de los porros comienza a caer por sí sólo, digamos que se cae de maduro hasta llegar a un punto en el que ya no son necesarios ni tan siquiera apetecibles. Esta paulatina disminución llega a su punto cero sobre los treinta y seis años y en ningún momento puede considerarse como deliberada, es algo netamente natural.

domingo, 17 de noviembre de 2013

SEGUIMOS PROGRESANDO

Vuelvo ahora del partido/prueba de fuego que había anunciado con anterioridad, tengo que decir que lo he pasado fatal, pero ha sido por el partido en sí, mi equipo ha quedado eliminado de la competición y la tensión ha durado lo que ha durado el partido.




No voy a negar que he sentido ganas de fumar en varias ocasiones, pero mi gran triunfo ha consistido en que el “protagonista de la noche” ha sido el mismo partido y no la ausencia de tabaco.



Otras veinticuatro horas que significan una nueva victoria parcial, mañana volveré a conseguirlo, suma y sigue…



Veinticuatro horas más, la verdad es que empieza a ser un poco repetitivo este inicio, ya tengo ganas de cambiar a “una semana más”, hoy ha sido un día muy tranquilo en lo que respecta a tentaciones tabaquianas.



Tengo que esforzarme para recordarlas, … mmm …, recuerdo un par de ellas a media tarde, han sido de esas que recorren tu cerebro durante apenas un segundo y se esfuman como el humo, apenas me he acordado del tabaco hasta que me he puesto a escribir de nuevo.



Tras la ingesta de la pastilla vespertina he notado mi sistema digestivo mas revuelto de lo normal, no he llegado a experimentar dolor, en fin, nada que un tío que ha hecho cuatro meses de mili no pueda aguantar.



Ya que perdí, sin posibilidad de recuperarlo, lo que había escrito la semana de preparación, que no era poco, voy a volver un poco sobre ella, la dosis de pastillas durante ese periodo era mas suave que ahora, las tomé todas puntualmente y me dediqué a fumar como un auténtico cosaco.



Es de suponer que, en el fondo de mi ser, buscaba la saturación de mi cuerpo serrano a base de humo para que la despedida del gaseoso elemento fuese más fácil, para despedirlo con un “vete a la porra que estoy hasta los bemoles de ti”. Tengo que decir que alcancé cierto éxito ya que el último cigarro fue de lo más repugnante que he fumado en mi vida, y ¡mira que he fumado repugnancias de todo tipo!.



No tengo muy claro si esta estrategia es apropiada o no, supongo que, como todas las estrategias, es buena o mala en función del resultado final, quizás ni siquiera influya sobre el resultado final, con lo cual habría hecho el primo de mala manera. De cualquier forma, lo hecho, hecho está.



Dada la abultada cantidad de intentos, fallidos por supuesto, que he experimentado para conseguir deshabituarme, he buscado establecer diferencias con respecto a los anteriores para tener alguna posibilidad de éxito.



En lo que respecta al periodo de preparación, que siempre lo ha habido de una u otra manera, he optado por que mi mentalización durante esa semana haya sido lo menos intensa posible. No he empleado casi nada de tiempo en convencerme a mí mismo de lo que iba a hacer, en otras ocasiones iba con el cerebro machacado, tal vez demasiado.



Como fumador, era absolutamente dependiente, lo de encender un cigarrillo para tragar y expulsar humo se convirtió en un acto tan mecánico que muchas veces, demasiadas, me encontraba con un cigarrillo encendido en mi hocico sin apenas saber cómo demonios había llegado hasta allí ni cómo había comenzado la combustión del inflamable elemento.



El trabajo, la mayoría del tiempo, era una carrera sin sentido con objeto de adelantar labor y conseguir así algo de tiempo para salir a fumarme un cigarrillo a toda prisa, aún siendo consciente de que ese cigarrillo a toda prisa es el cigarrillo más asqueroso que te puedes fumar.



Acto seguido volvía al trabajo con los mismos apremios que antes de fumar para conseguir así el mismo dudoso premio que acabo de describir, con la perspectiva que dan unos días de abstinencia resulta ridícula la referida actitud aunque, por lo visto, yo debía de considerarla muy normal ya que la repetía a diario y sin dudar.



El motivo por el que me fumaba esos cigarrillos era por que mi cerebro me decía: “fuma ahora, tontorrón, que igual luego no puedes; y si luego puedes, que te quiten lo bailao”, FALSO, siempre había momentos para fumar, bien por que la actividad se detuviese o ralentizase, bien por que llegase la sagrada hora del café o bien por que algún alma caritativa se dejaba engañar y me sustituía esos minutos.



Al final de la jornada laboral terminaba siempre con un montón más de cigarrillos en mi haber de los que deberían haber sido y con el cuerpo hecho un asco.



Otro ejemplo que serviría perfectamente para ilustrar lo robusto de mi adicción es una imagen que, a buen seguro, conservan en sus retinas todos mis amigos de mí, por que la han visto en multitud de ocasiones y les ha causado gran cantidad de risas.



De noche, cuando salíamos de bares, la ingente ingesta de alcohol a la que sometíamos a nuestros hígados provocaba que el consumo de tabaco se disparase de manera desorbitada, entonces un servidor, tras haber llegado al punto de saciedad tabaquil, se encendía un cigarrillo y para la primera calada le sobrevenía una serie de feroces arcadas.



Lo peor, y ahí es donde creo yo que se provocaba lo irrisorio, es que tras las náuseas no llegaba a espabilar del todo, ya que, como si me hubiese gustado, no tardaba en repetir la operación sin que mi cuerpo hubiese vuelto a su ser y consciente de que la aparición de las arcadas se iba a producir de manera segura, todo ello para regocijo de mis amigos que me observaban como diciendo “este es gilipollas”, y ciertamente lo era y mucho.

sábado, 16 de noviembre de 2013

EL DEPORTE COMO ESTÍMULO

Hoy he vuelto a correr, llevo muchos años compatibilizando el humo con el atletismo, el caso es que había decidido tomarme un descanso de quince días que concluye ya. Como no podía ser de otra forma, mi vuelta ha sido de lo mas floja, apenas he aguantado media hora y de mala manera, y si la he aguantado ha sido por amor propio y cabezonería, que para algunas cosas sí que dispongo de ambas cualidades.





Menciono este tema por que la práctica de una actividad deportiva, excepto quizá el ajedrez, queda condicionada por si uno fuma o no, queda muy condicionada, voy a remitirme a los datos que yo mismo extraigo de mi práctica:



En condiciones normales, me refiero como condiciones normales a la compaginación de fumar y entrenar, saliendo tres o cuatro veces por semana, soportaba de manera digna treinta minutos de carrera continua que venían a suponer unos cinco kilómetros de distancia.



Tras el último intento serio que tuve para dejar el tabaco, y con tan sólo unos dos meses de abstinencia llegue a recorrer de manera solvente más del doble de distancia en el doble de tiempo.

Además cuando el terreno se ponía accidentado, mi capacidad para afrontarlo era infinitamente superior.



Cualquiera que haya corrido distancias similares a las que he descrito podrá atestiguar con conocimiento de causa que la relación entre la progresión lograda y el tiempo empleado para conseguirla es desmedida.



Pero lo mejor de todo no es el hecho de aguantar más tiempo, es la sensación que se tiene de disfrutar cuando se está corriendo, en mi época de fumador, corría siempre bajo la sensación de ir lo más rápido que podía, como de no tener fuerzas para más, al final de esos dos meses de continencia tabacoide sentía a cada minuto la impresión de que podía ir más rápido, disfrutaba del paisaje, de la música que salía de mis auriculares, haciendo lo mismo, no tenía nada que ver.



He practicado un montón de deportes a lo largo de mi vida, al final me he decantado por éste por ser un deporte absolutamente limpio, desde que sales por la puerta de tu casa hasta que vuelves a entrar y te duchas, todo es aprovechado. Lo digo por que en otro tipo de deportes, entre que te preparas la bolsa, vas al sitio donde se practica, te pones en faena si es individual o esperas a que llegue el resto si es colectivo, luego te duchas y vuelves a casa; se pueden llegar a evaporar dos horas y media cuando sólo has estado haciendo deporte una.



Para alguien con un hijo eso es un lujo.



Me he marcado como objetivo disputar la media maratón de La Rioja, que según tengo entendido, se celebró el año pasado allá por mayo, aunque creo que la fecha no es fija.



Ahora mismo, estoy a años luz de poder siquiera pensar en ese objetivo, pero sé que si consigo mantener cierta constancia en los entrenamientos y, por supuesto, mantengo mi situación de no fumador (condición indispensable) creo que puedo llegar a terminar la carrera de manera digna.



Es muy tarde, mañana más y mejor.

viernes, 15 de noviembre de 2013

EL DIA A DIA

El otro día me llevé una pequeña sorpresa, me había deshecho ya de “la picadura”, todos los mecheros estaban también fuera del alcance de mi vista, nada me recordaba al tabaco, pues bien, al ir a recoger el lavavajillas me aparecen los ceniceros.





Creía que ya había terminado la presencia de los útiles de fumar y experimenté una sensación extraña al encontrármelos de repente, no los tiré a la basura por que sé que antes o después algún fumador vendrá a casa y no voy a pedirle que se abstenga, así que se prolongará su vida útil.



Los guardé en el mueble del salón, al cerrar la puerta del mismo me recorrió el cerebro una sensación de despedida que me resulto bastante agradable.



Poco a poco voy sintiéndome como un ex-fumador, no sé si voy un poco rápido, pero, en los primeros días me hubiese definido como “alguien que ha dejado de fumar hace poco”, descripción que destila un claro poso de inestabilidad, ahora tiendo a ver el tabaco como una etapa anterior.



Sé que es absurdo hablar de una “etapa anterior” cuando el tiempo que llevo sin fumar se podría contar en horas, pero es una sensación que me sobreviene y como tal la asumo, por otro lado tengo también sensación de vértigo, a la vez mi cerebro dice “poco a poco, chavalote, que mejor lo hemos tenido y hemos vuelto a caer”, será mi propia sesera la que me hace contrapeso, creo que, en realidad, tengo dos cerebros que funcionan de manera independiente y casi siempre contrapuesta.

jueves, 14 de noviembre de 2013

REUNIÓN DE TERAPIA

Vuelvo ahora de una nueva entrevista con Cristina, es curioso el comportamiento que tenemos con respecto al tabaco, necesitamos que periódicamente nos recuerden conceptos que ya conocemos de sobra, así son las cosas; el caso es que de cada reunión salgo fortalecido y eso es lo importante.




La de hoy ha sido la tercera entrevista, como en las anteriores, he soplado por el “tabaquímetro”, he obtenido un resultado que el aparato ha cifrado en dos, según me ha explicado Cristina los niveles correspondientes en un no fumador varían entre cero y cinco aunque el aparato de marras sólo mide los dos últimos días.



Hay que tener en cuenta que, en la primera entrevista, el artilugio marcó dieciséis tras un soplido agónico que concluyó con una tos, sólo una, perruna y ahogada, en la segunda entrevista, el nivel ya había bajado a diez. Aunque estos datos eran totalmente previsibles es bueno para la moral que existan, y mejor todavía si son medibles, para refrendar lo que uno ya sabe, que lleva X días sin fumar.



Otro dato objetivo y positivo con el que cuento es el enorme aumento de mi capacidad pulmonar, aunque este dato no es medible, o sí, pero yo no lo puedo cuantificar por mis propios medios, aunque sí puedo experimentarlo y acreditar que ese incremento es absolutamente real y palpable.



A lo largo de la reunión hemos hablado de que quizás haya que preparar alguna situación de riesgo que, a buen seguro, se va a presentar cualquier día.



La mas temida por mí, sin duda alguna, es el momento en que haya quedado con mis amigos y salga a tomar unas copillas, jamás he salido por ahí sin echar humo por boca y nariz. Sé positivamente que ese día me va a ser ofrecido tabaco, en su estado natural y en estado “torrefacto”, y sé que me va a ser difícil rechazarlo.



Aún contando con la buena voluntad de mis amigos a la hora de ayudar al pobre ex-fumador, factor con el que no cuento en absoluto, sé que a lo largo de la noche van a ponerme delante de las narices un montón de porros tentadores, sólo tengo que pararme a pensar un minuto y plantearme que ese canuto no va a hacerme nada, el problema es todo lo que va a venir después, y menudo problema que es ese.



De momento dejaré este tema aparcado para reincidir sobre él cuando vaya a producirse, me tranquiliza un poco saber que voy a tener la oportunidad de prepararlo previamente con alguien más que conmigo mismo, un mísero ser débil de espíritu y de voluntad frágil.



Luego saldré de nuevo a correr, al igual que ayer hoy tampoco hace un día nada propicio para ello, el frío y, sobre todo el viento, harán mas duro de lo habitual el rato que pase trotando, que a priori, no va a ser inferior a cuarenta minutazos.



No es que hoy tenga especiales ganas de salir, pero necesito entrar ya en esa dinámica a pesar de que sé que “esa dinámica” no va necesariamente ligada al hecho de haber dejado de fumar, durante los últimos años he salido a correr con cierta regularidad siendo fumador.



Simplemente me encuentro mucho mejor haciéndolo, es extraño, muchas veces, salir a correr es lo que menos me puede apetecer del mundo; pero todavía no he experimentado una sóla vez en la que, al volver a casa, no me haya sentido satisfecho.




Creo que, amén de la mejoría física que se consigue, es el espacio de tiempo más íntimo que puede tener una persona y, por tanto, me gusta correr en soledad, con mis propios pensamientos o mi propia música y sin depender de tener que ir más deprisa para alcanzar el ritmo de mi hipotético compañero o de ir más despacio para que el otro me alcance, tampoco me gusta que nadie tenga que ir corriendo ajustándose a mi paso.



En fin, que me gusta correr sólo.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

TAMBIÉN HAY ALGÚN PEQUEÑO INCONVENIENTE

Para ser ecuánime, hay algo que quería comentar; no todo es maravilloso a nivel físico al dejar el tabaco, o por lo menos no lo es durante unos cuantos meses, que es hasta donde he llegado yo como punto máximo.




Los efectos psicológicos adversos son evidentes, ansiedad, mal humor, insomnio, aumento desproporcionado de las ganas de comer, …, el caso es que hay otros efectos a nivel físico que siempre que he aguantado un tiempo sin fumar han aparecido.



La ocasión en que más tiempo aguanté sin fumar duró unos seis meses, durante gran parte de ese periodo tuve sangrados por la nariz y la parte interna de la misma llena de postillas que a veces resultaban dolorosas, también experimenté un sordo dolor de garganta.



Estos efectos los relaciono directamente con la abstinencia, ya que han aparecido siempre que he dejado de fumar y siempre han remitido casi instantáneamente en el momento que he vuelto a coger el hábito.



También, cada vez que he dejado de fumar un tiempo minimamente razonable (mas allá de cuatro días, por ejemplo); se ha incrementado la ya de por sí alta propensión que tengo a padecer todo tipo de catarros y gripes, tendencia que, al igual que en el caso anterior, volvía a sus niveles habituales poco después de volver a fumar.



Evidentemente estos efectos colaterales podrían tipificarse como “pecata minuta” respecto a los que se padecen cuando uno fuma con regularidad, aunque no por ello iba a dejar de mencionarlos.









lunes, 11 de noviembre de 2013

EL RECHAZO SOCIAL

Uno de los aspectos que se argumentan para defender que la gente deje de fumar es lo que se ha dado en llamar el “rechazo social”, a mí, como fumador, ese rechazo social me ha importado siempre un bledo.




Nunca he notado ese supuesto rechazo como algo común o cotidiano, y si de manera concreta lo he notado alguna vez mi reacción ha podido ser la de apagar el cigarrillo cívicamente para no molestar al pobre ciudadano que me transmite de manera discreta su incomodidad o la de echar deliberadamente el humo a la cara del toca pelotas de turno que me recrimina de malas maneras que esté fumando en un sitio donde está permitido hacerlo.



Lo que no puede esperarse es que de un día para otro alguien invente el concepto del “rechazo social” y se cree de la nada algo que no existe mas que en las conciencias de quienes están predispuestos a creérselo, el rechazo viene mas bien desde el lado institucional.



No sé cuál sería el enfoque más acertado para promocionar el abandono del tabaquismo, pero creo que todavía no se ha dado con él.



El rechazo, en todo caso sí que lo he notado, y no precisamente en mis propias carnes, cuando alguien fuma en un sitio donde está expresamente prohibido, incluso ese rechazo puede provenir desde algún fumador, pero lo que se censura en tal caso no es el hecho de fumar, sino el hecho de saltarse la ley por estar humeando donde no se puede.




Es éste un país donde es tremendamente difícil encontrar un término medio para casi todo, no es bueno pasar del blanco al negro en una conducta social absolutamente arraigada e incluso fomentada durante decenios, es posible que en un futuro exista ese “rechazo social” pero a, fecha de hoy, no pasa de ser un invento oportunista, una ilusoria e interesada generalización de conductas independientes y aisladas.



Y aquí estoy, haciendo un poco de defensor del diablo, que es algo que siempre me ha gustado, lo que sí espero de todo corazón es no llegar a ser ese ex-fumador amargado hasta las trancas por que no puede fumar, que se dedica, cual templario, a abanderar una cruzada persecutoria, en este caso, contra el fumador.



Actitud necia donde las haya, pues el enemigo es, en todo caso, el tabaco, nunca el que se lo fuma.

domingo, 10 de noviembre de 2013

VAMOS MEJORANDO FÍSICAMENTE

Ya he salido a correr, el objetivo era permanecer por lo menos cuarenta minutos a trote borriquero, lo cual suponía un incremento de diez minutos sobre la jornada previa, pues he aguantado sesenta que suena mejor que una hora.




Estoy seguro de que de haber seguido fumando no hubiese podido conseguirlo, tampoco voy a decir que he estado silbando la melodía de “verano azul” mientras corría, la verdad es que lo he pasado mal, pero el progreso lo calificaría de espectacular.



Las pastillas no me han causado molestia digestiva alguna y creo que cumplen su función perfectamente ya que el cuerpo no me pide humo.



Me han salido gratis los comprimidos, ya que el tratamiento lo financia en su totalidad el servicio de Salud de mi comunidad autónoma, pero aunque hubiese tenido que comprarlas a precio elevado hubiese sido la inversión más rentable en mucho tiempo.



Mañana más.

sábado, 9 de noviembre de 2013

UNA SEMANA SIN FUMAR; DEJARLO NO ES FÁCIL

Hoy no es mañana, han pasado dos días y terminó ya la época de contar de veinticuatro en veinticuatro horas el paso del tiempo sin fumar, ya he superado la semana y tengo la impresión de haber desembarcado en una nueva dimensión.




No he escrito estos dos últimos días por falta de tiempo, por temas personales, que no vienen a cuento, he llegado a casa por la noche agotado y el sueño ha podido conmigo.



Como dije anteriormente, he tratado de dejar de fumar varias veces con la ayuda de cierto libro escrito para tal fin. He de reconocer que me ha sido de utilidad y que gracias a él he establecido mis mejores plusmarcas sin humo, aunque para mérito mío también diré que la predisposición que he mostrado en todo momento ha sido la máxima de que era capaz y que he seguido las instrucciones al pie de la letra.



Todos los argumentos ahí expuestos me han resultado convincentes, imagino que, en gran medida por la falta de sentido crítico y la total receptividad con que lo he leído.



Ahora, con algo de perspectiva, le veo algunas grietas, reitero que, en su mayor parte, creo que dice verdades como puños y que, como fumador, puedo así atestiguarlo.



Se nota que lo ha escrito un ex-fumador, el caso es que tras varios fracasos, habiendo tenido en ellos el libro como tiene la Biblia un creyente, me voy a plantear porqué no ha funcionado conmigo.



En primer lugar, no se puede decir desde el título que “es fácil dejar de fumar” por que no es fácil ni sabiendo cómo ni sin saberlo, y mucho menos puede decirse que no va a ser necesario que se apele a la fuerza de voluntad. Ambos conceptos son falsos.



El método propuesto peca de triunfalismo, trata que el lector experimente una sensación de seguridad en sí mismo que no es real, o, cuando menos, es un arma de doble filo. Se bombardea con conceptos tipo “ya estás curado”, o “ya eres ex-fumador”, o “ya eres libre para siempre”, o “nunca volverás a fumar”, que no se corresponden con la realidad.



En mi última entrevista con Cristina, ella incidió, y creo que con bastante acierto, de alguna manera en esta cuestión, comentó que es utópico decir que no voy a fumar nunca más. El “nunca” o el “siempre” son palabras con un contenido demasiado absoluto que sobrepasa la vida de un simple mortal, más aún, aplicadas a la vida de un ser humano resultan demasiado definitivas. Sobre todo si tenemos en cuenta que casi nada es blanco o es negro.



Puedo asegurar que hoy, rodeado de una serie de circunstancias que me envuelven e influyen, tengo la intención de no volver a fumar; sin embargo un cambio coyuntural puede hacer variar las condiciones y terminar cambiando la decisión.



Cuando vuelves a caer en las garras del tabaquismo, tras haber intentado dejar de fumar con todas tus fuerzas y con la inestimable ayuda del libro, te sientes un fracasado incapaz de abandonar el tabaco.



Y te sientes así por varios motivos, uno de ellos es el enorme porcentaje de éxito, la abrumadora mayoría de fumadores que han seguido el método y han dejado de fumar.



El porcentaje de fracasos que se atribuye el autor del libro hacia su método ínfimo.



No me lo creo, eso soy capaz de decirlo ahora que tengo mas perspectiva y varios intentos fracasados a mis espaldas, cuando has “entregado tu alma” a seguir los consejos y creer a pies juntillas la doctrina no dudas de que aquellos que han hecho lo mismo que tú han conseguido dejar de fumar en su gran mayoría.



En el momento en que vuelves a estar enganchado sientes que definitivamente estás dentro del pequeño porcentaje de desgraciados inútiles que no han podido abandonar el tabaquismo mediante el mejor método existente bajo la faz de la tierra y que, por tanto, son ya carne de nicotina de por vida.



Sencillamente creo que los porcentajes de éxito con los que se vanagloria el autor del método son un mero factor propagandístico encaminado más a la venta masiva de ejemplares que a una exposición de la cruda realidad. Con ello se hace un flaco favor a quienes ponen toda la ilusión desde la primera página y terminan fracasando.



Muchas veces la mejor estadística es la que proviene del propio entorno de uno, personalmente conozco a cinco sujetos que han intentado dejar de fumar de esta manera, los cinco siguen siendo fumadores, demasiada casualidad para una estadística tan abrumadora.



El libro, en algún momento se torna místico, te habla de que, transcurrido un tiempo, inferior al mes, tras haber dejado de fumar, vas a sentir lo que llama “el momento de la revelación” en el que según dice vas a ver el cielo mas luminoso.



Creo que la mística y la poesía sobran en este caso, y lo creo, básicamente, por que jamás he llegado a percibir ese momento ni he llegado a ver el cielo mas azul que de costumbre.



Afortunadamente ni el tabaquismo ni la ausencia de él han afectado nunca a mi sentido de la vista, el cannabis quizá, pero el tabaco a palo seco nunca.



En todo caso sí he notado un descenso gradual de la “insistencia” con que mi cuerpo me pide nicotina, eso sí, pero nada más. Chorradas las justas.




Otro efecto adverso sobre quien ha dejado el hábito con el método en cuestión y, a posteriori, ha vuelto a cogerlo es el recuerdo de los consejos de compasión que se dirigen del ex-fumador hacia los fumadores. Esto provoca una sensación de autocompadecimiento que no resulta grata ni beneficiosa para la autoestima.



Dicho lo dicho, que no es poco, la valoración general que hago del método sigue siendo positiva, tal vez no tan positiva como lo era antes pero positiva al fin y al cabo.



Se pueden leer muchas cosas que ni el fumador ni siquiera se ha planteado en su vida, tal vez por que haya evitado planteárselas, y no se ceba especialmente en el tema de la salud.



El tema de la salud es el mas importante factor que me induce a dejar de fumar, pero creo que es contraproducente avasallar al fumador con historias de tumores incurables y padecimientos de agonías insufribles, es un acierto, bajo mi humilde criterio, tratarlo como un factor más entre los múltiples condicionantes que hay en juego.

viernes, 8 de noviembre de 2013

NO SOY UN EX-FUMADOR

Una condición importante, no sé si imprescindible, para dejar de ser fumador es tener plena consciencia de la condición de uno mismo, no por el hecho de haber dejado de fumar tengo que considerarme ya ex-fumador, y sé que es posible que me haya definido así alguna vez en lo que va de escrito, procuraré no volver a hacerlo.




Lo que realmente soy es un fumador que ya no fuma, que siente deseos de fumar cada vez que se toma un café, que sabe que si prueba un sólo cigarrillo se volverá a activar el mecanismo que le llevará irremediablemente a fumar de nuevo como lo hacía antes de dejarlo, que evita mirar, siquiera, la máquina expendedora de tabaco del bar de turno.



Ese tiene que ser mi escudo, jamás voy a ser igual que alguien que no ha fumado nunca y creo que, bajo este prisma, lo mas inteligente es no tratar de serlo, o, mejor dicho, no tratar de creer que lo soy, voy a ser fumador de por vida pero deseo no volver a fumar nunca más.



Alguna de las recaídas que he tenido, o todas, han venido dadas por no saber clasificar el tipo de cigarrillo que me iba a fumar, me refiero al primero, al que ha vuelto a iniciar el proceso.



Siempre, o casi siempre, las recaídas han tenido lugar en situaciones mas o menos especiales, mi cerebro de manera maliciosa ha tratado de asociar el hecho de fumarme ese cigarrillo con la circunstancia especial, dotándolo, por tanto de un halo de excepcionalidad, haciéndolo distinto al resto de cigarrillos y, en consecuencia, único.



Falso, me he autoengañado, ese cigarrillo nunca ha sido especial ni único ni sobrevenido, siempre ha sido deseado y sólo ha hecho falta una burda excusa para timar a mi cerebro ya de por sí predispuesto a dejarse engañar.



En el fondo envidio a esas personas que son capaces de salir a cenar un sábado y fumarse cinco o diez cigarrillos esa noche sin volver a acordarse del tabaco en un mes, no puedo aspirar a ser como ellos pero tengo que reconocer que esa sería mi relación ideal con el tabaco.



Firmaría ahora mismo un consumo diario medio de unos cuatro cigarrillos, el problema es que me he demostrado a mí mismo en infinidad de ocasiones que soy incapaz de mantener ese nivel más allá de cuatro o cinco días.



Hay amores que son imposibles y, sobre todo, hay amores que matan.



Hoy he vuelto a entrevistarme con Cristina, nada nuevo, pero como dicen los ingleses “No news, good news”, le he comentado lo sorprendido que estoy por lo fácil que está resultando. Creo que habrá que preparar el momento en que la terapia acabe.



Ahora me veo muy fuerte, pero sólo son necesarias unas décimas de segundo para que todo se vaya a hacer puñetas.



Otro aspecto en el que creo que estoy mejorando mucho es en la capacidad que voy desarrollando para disociar las circunstancias que me rodean del hecho de fumar, es decir, sé que no he dejado de fumar en el momento aparentemente más apropiado (suponiendo, que es mucho suponer, que ese momento realmente exista), pero creo que estoy consiguiendo que la acumulación de stress personal y laboral no influya en el hecho de fumar o no fumar.



Dicho así puede parecer fácil, pero no lo es en absoluto; como fumador he asociado el tabaco con (entre otros) momentos de relajación, una asociación engañosa en la realidad pero auténtica por que existía en mi cerebro.



El cigarrillo suponía aparentemente, un paréntesis en mitad del agobio, un tiempo muerto en el que mi mente se veía liberada de toda preocupación y preparada de nuevo para afrontar cualquier situación con una mayor claridad de ideas.




Falso, mi mente seguía a lo suyo, si la cuestión era descansar, podía descansar de igual manera fumase o no fumase ya que el hecho de fumar, para quien lo hace compulsivamente, es un acto mecánico para el que el cerebro no necesita aportar actividad alguna salvo pararse a veces a pensar que donde narices he dejado el mechero. El cerebro es capaz de funcionar igual independientemente de que el individuo esté o no echando humo.



Además, la necesidad de fumar supone un punto de stress añadido, ese punto y sólo ese punto es el que puedo eliminar cuando fumo, sé que lo más práctico es no añadir ese plus de stress para luego no tener que eliminarlo, al igual que no tiro las cosas al suelo para tener luego que recogerlas o no subo hasta un quinto piso por la escalera cuando en realidad voy al segundo.



Realmente, en mi condición de fumador, me veo como un enfermo, presa de una adicción que no me gusta, que me limita físicamente, que me cuesta una pasta gansa, que ofrece una imagen de mí a mi hijo que no me gusta, que me provoca mal aliento, que me hace estar a disgusto por que cuando fumo quiero dejarlo y cuando no fumo me apetece fumar, …, en definitiva, un vicio con el que tengo una relación digna de la más lastimosa canción del dúo Pimpinela, “mal contigo y mal sin ti”.



Es increíble, y es que, además, soy plenamente consciente de que en lo referente al plano físico es el tabaco algo totalmente prescindible, que es el factor psicológico el que me empuja a seguir fumando, ¿pero tan poco amos somos de nuestro propio cerebro? ¿Cómo es posible que unos seres, a los que se supone inteligentes, tengan tan poco control sobre el centro de la propia inteligencia, el centro de la voluntad? ¿Cómo puede ser que algo tan dañino por un lado, y tan poco gratificante por el otro, se imponga sobre nuestra voluntad de una manera tan insultante?



No puedo llegar a entenderlo.

jueves, 7 de noviembre de 2013

SEGUIMOS CON EL DEPORTE

He salido a correr dos días seguidos en los que he aguantado una hora, ambos iban precedidos de otro en el que aguanté media. Lo cierto es que lo he pasado mal.




El primer día que aguanté los sesenta minutos confluyeron una serie de circunstancias que no ayudaron en nada, aguanté todo el tiempo que había prefijado por cabezonería.



Soplaba un viento huracanado, que en ocasiones, hacía más apetecible subir una pendiente empujado por viento de popa que bajarla con la ventisca de frente.



El segundo día ha sido hoy, en apariencia, concurrían todos los condicionantes para pensar que iba a tratarse de un agradable trotar al ritmo de la música de “Héroes del Silencio” que es lo que llevo estos días para reproducir en mi MP3. No ha sido agradable en absoluto, me han sobrado los últimos veinte minutos, si no llevase cronómetro al salir a correr, me retiraría muchas veces antes de lo que me retiro.



Todavía no disfruto corriendo, sé a ciencia cierta que es algo que llegará, sólo pasa que soy un poco impaciente y pretendo estar igual que cuando llevaba dos meses entrenando y sin fumar.



De cualquier forma, lo que me falla ahora es el fondo muscular, necesito que mis piernas recuperen las vacaciones que les he dado.



En cuanto a capacidad pulmonar, me veo mucho mejor que en los días anteriores. Digamos que mis pulmones están, ahora mismo, muy por encima de mis piernas.



Complementaré mi práctica deportiva del atletismo con algo de ciclismo, tengo la posibilidad de hacerlo tanto en bicicleta estática como en bicicleta normal, o sea, dinámica. Lo hago por que noto que el correr distancias más o menos largas, termina por desgastar las rodillas.



Y es que, a cierta edad, se impone la necesidad de economizar recursos físicos si uno quiere poder practicar deporte durante muchos años.



Tengo aparcada en el trastero una bici de montaña que me compré con mucha ilusión y a la que todavía no he hecho mucho caso, esta dejadez es fruto de la vagancia que me produce el tener que ir a buscarla a un sitio donde no llega el ascensor y bajarla hasta el mismo sobre mis sufridas espaldas por un respetable tramo de escaleras.



Me regalaron por mi cumpleaños una silla que se puede acoplar a la bicicleta que sirve para llevar a un niño cómodamente sentado, con el regalo de la silla iba un imprescindible casco tamaño cráneo infantil. Vaya regalos éstos que le hacen a uno y son, en realidad para otro.



Pero ¡cómo va a pedalear papi mientras el nene va cómodamente sentado observando el paisaje y sintiendo el suave azote de la brisa mientras se queja de los baches!.



Quizás sea demasiado incidente, o como dicen en mi pueblo “demasiado canso”, con el tema del deporte, no es que intente vanagloriarme aquí de mis éxitos, mas bien, lo hago por que creo que viene muy a cuento ya que es para mí una parte importantísima de la terapia.



Otro día mas, por empezar donde lo dejé anoche, diré que la falta de tiempo ha hecho que mi práctica deportiva de hoy sea lo más concentrada posible, es decir, ejercicio en la bicicleta estática, ejercicio consistente en un sprint continuo de diez kilómetros que viene a costarme unos doce o trece minutos, durante el cual, sudo mucho.



Sin más, ni me he visto bien ni me he visto mal, tengo una tendencia natural a evaluar cada praxis deportiva y compararla con actuaciones previas, creo que es bueno por que me sirve de motivación, aunque a veces me obsesiono un poco.

martes, 5 de noviembre de 2013

LA RUTINA DEL NO FUMAR

No he tenido ganas de fumar en todo el día, lo que hasta ahora era una gran noticia comienza a convertirse en rutina, creo que es posible que a lo largo del escrito me muestre un poco repetitivo con algunas cosas, es lo que hay, las situaciones son las que son, o sea limitadas, con el paso de los días se van haciendo mas repetidas y rutinarias y tampoco uno es un Cicerón sobrado de elocuencia para usarla de manera que parezca que cuento otras cosas cuando en realidad cuento casi lo mismo.




Un objetivo que me he marcado en esta nueva intentona para dejar el tabaco, y que la diferencia de otras anteriores, es el de no buscarme nada a lo que echar mano cuando tenga muchas ganas de fumar. No meto en esta categoría a las pastillas ya que su toma es periódica y no dependiente de si me apetece fumar o no.



Tengo que decir que, las citadas pastillas, me están sirviendo de gran ayuda, el decremento en cuanto a la necesidad de fumar que ha experimentado mi organismo ha sido importante y además no me han creado dependencia alguna, todo lo contrario, estoy deseoso de dejarlas. Ambos factores me parecen tremendamente positivos.



En anteriores ocasiones siempre llevaba encima chicles, o caramelos, o chupa chups, creo que el efecto de afrontar de esta manera la ausencia de tabaco tiene dos vertientes, como siempre que se dice eso una es positiva y la otra negativa.



La positiva es evidente, ante la autoimpuesta obligación de no fumar, uno se lleva a la boca un dulce, y … ¿a quién le amarga un dulce?. La verdad es que cuando te comes el caramelo o masticas el chicle te sientes afortunado, percibes claramente que ambos saben mucho mejor que un asqueroso cigarro.



La sensación es aún mayor si uno es consciente de que la ingesta del dulce de turno suprime al cigarrillo que, a buen seguro, te fumarías en ese momento.



Aquí radica precisamente el problema, si tienes que “agradecer” al caramelo, al chicle o al chupa chups que resuelvan el problema de fumar cada vez que tienes ganas de hacerlo … ¿Qué pasará el día que no haya sustituto?.



Ese momento va a ser difícil, las ganas de fumar en pleno apogeo y ese dulce amigo que no está para sacarte del apuro, es posible que acabes sustituyendo el dulce por un cigarrillo, ya tienes la excusa perfecta.



En resumidas cuentas, has camuflado tu dependencia, no la has tratado de combatir, sólo has buscado algo que, de alguna manera, hace las veces de tabaco. Has cambiado una dependencia por otra, y lo peor de todo es que ambas están íntimamente unidas, en ausencia de una la solución es la otra.



La experiencia acumulada me dice que este sistema es más “paliativo” que “curativo”, se termina por aplazar el problema en lugar de afrontarlo para tratar de eliminarlo.



Lo que nunca he probado son aquellos sustitutos del tabaco cuyo “modus operandi” se basa en inyectar nicotina al cuerpo, sea en forma de chicles, en forma de parches o en cualquier otra forma si es que la hay. Nunca me han llamado la atención estos métodos, y, ante todo, quiero dejar claro que hablo sobre ellos sin haberlos probado.



No soy partidario de su uso, en el aspecto físico siguen aportando nicotina al cuerpo con lo que siguen alimentando la necesidad de suministrar nicotina al organismo que él mismo se crea.



Estoy firmemente convencido de que la forma más eficaz para dejar el tabaco es la ruptura total, ya que, cualquier vínculo, por muy “residual” que parezca, puede ser usado para el cerebro para tender un puente de vuelta hacia el hábito de fumar.



En lo que respecta al apartado psicológico, considero que los chicles de nicotina conllevan la misma problemática anteriormente descrita para los chicles convencionales, consiguen que uno siga siendo dependiente, “no fumo pero necesito mi dosis engañabobos para evitar fumar cada vez que tengo ganas”.



Reitero que mis consideraciones hacia los métodos para dejar de fumar consistentes en seguir aportando nicotina al cuerpo son fruto de prejuicios quizás infundados, y de extrapolar la experiencia acumulada por el uso de otros productos a éstos. Dicha extrapolación no tiene base consistente alguna.

Imagino que si se venden y se consumen será por que obtienen algún porcentaje de éxito.