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Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

miércoles, 30 de octubre de 2013

SUPERADA LA SITUACIÓN DE RIESGO CUATRO

Por fin he afrontado y superado con éxito lo que, en mi particular escala de riesgo, tipificaría como riesgo de nivel cuatro.




Fue anoche, quedé con un amigo para ir a tomar unas cervezas en un bar en el que, a buen seguro, íbamos a encontrarnos con el resto de los amigos.



No puedo decir, y no voy a decirlo, que superar esta prueba fuese fácil en absoluto, fue bastante complicado ya que la tentación me rondó prácticamente a cada momento. Tampoco puedo decir que fue tan difícil como yo esperaba.



Mi amigo pasó a recogerme sobre las diez de la noche, a la salida de mi trabajo, era una noche desapacible y muy lluviosa, tuvimos que pasar por su casa a recoger una serie de artículos “del buen fumador” que le eran imprescindibles (al igual que lo habían sido para mí durante tantos años) para sobrellevar una noche de bares en condiciones.



Estando en su casa, decidimos quedarnos a ver el final de un vibrante partido de nivel europeo que enfrentaba a un modestísimo equipo español con un todopoderoso club alemán.



Como pasa tantas veces en estos casos, cuando ya teníamos la miel en los labios, a los teutones contra las cuerdas y a David en posición inmejorable para batir al grandullón de Goliat, se juntaron una serie de circunstancias, de naturaleza inexplicable, en el último suspiro del partido que dieron con nuestro gozo en un pozo y con la eliminación del equipo español.



Alguien dijo alguna vez algo así como que el fútbol es un juego de once contra once en el que siempre gana Alemania, es triste para todo no alemán comprobar cómo muchas veces es cierto.



El caso es que la tensión generada durante el partido, acompañada de la cerveza que me bebía pedía a gritos un cigarrito. Aguanté estoicamente durante el partido, luego la situación pedía otro cigarrito para digerir la derrota, aunque sé que lo hubiese pedido igual si se hubiese tenido que celebrar la victoria.



Y ya de paso, también pienso que el cuerpo me hubiese pedido un cigarrito para reposar un hipotético empate.



Cualquier resultado me hubiese pedido a gritos un bocadillo de humo, es curioso, queda demostrado, o por lo menos queda demostrado para mí si no lo estaba ya, que la fuma de un cigarrillo no es producto de ningún momento especial, que cualquier momento pide al buen fumador que se fume un cigarillo.



Gané el primer asalto, tengo que decir para mérito propio que mi amigo no me lo puso fácil cuando se lió y fumó ante mis narices un cigarrito “de la risa”.



Acto seguido salimos de su casa para dirigirnos al bar en el que todos los jueves se juntan la mayoría de mi grupo de amigos más cercanos y otros grupos adyacentes.



Sabía que la situación que me iba a encontrar era una auténtica encerrona, era consciente de que iba a verme rodeado de una nube de amigos y conocidos fumando cual cosacos, e intuía que no menos de un ochenta por ciento (y siendo muy generoso) del material que se iba a incinerar de manera generosa, iba a ser “mezcla” lo cual lo hacía mucho mas tentador a mis ojos pecadores.



No dudaba de que más de uno y de quince, algunos a sabiendas de que yo ya no fumaba y otros ignorantes de ello, iban a tentarme con esos aceitosos y humeantes churros, tenía muy claro que la copiosa ingesta de alcohol se convertiría paulatinamente en una mayor desinhibición y en un claro decremento del dominio sobre mi clara voluntad de no fumar.



Vaya papelón, ¿podría ser peor?



Pues sí, en la reunión había mucha más gente de la que yo creía que iba a haber, y todos del mismo pelo, me fueron ofrecidos por activa y por pasiva muchos mas canutos y cigarrillos de los que, en un principio, podía haber previsto. Bebí bastante más alcohol del que tenía intención y, aún así, solventé la situación de manera satisfactoria.




Recuerdo que hubo un momento especialmente complicado en el que eche mano de mi arma secreta, ésta no es otra que un chupa-chups que llevaba encima para casos de emergencia.



Sí noté en algún momento alguna mirada tras la cual se podía intuir un pensamiento parecido a “¿Qué lleva en la boca este gilipollas?”, aunque no hizo sino hacerme sentir mas orgulloso de haber dejado de fumar.



Tras varias horas en el local cada mochuelo tomó camino de su respectivo nido. Como yo no había sacado el coche me acercó a casa en su vehículo otro amigo de los de toda la vida, estuvimos hablando más o menos una hora en su coche ya que hacía tiempo que no nos veíamos.



Durante este intervalo, y por si la tortura no había sido ya suficiente, mi amigo se lió un “lirio”, que a gusto le hubiese dado durante unos breves instantes unas caladillas, pero la intensidad de esta tentación de última hora era ya mucho menor que las sufridas anteriormente.



Habiendo superado todo lo que había pasado en el bar no iba a caer en ese momento.



Me encuentro fortalecido y orgulloso de haber superado una prueba de nivel cuatro, no fue fácil, pero tampoco tuve que echar mano del plan “b” que tenía preparado por si la cosa se ponía muy fea, el ingenioso y elaborado plan consistía en salir corriendo hacia casa y, a ser posible, no mirar hacia atrás en ningún momento hasta verme seguro arropadito dentro de mi cama entre sus cuatro esquinitas.



Creo que, gracias a ésta noche, volví a sentirme de nuevo con fuerza un no fumador, pienso que éste es un estímulo importante y, hasta cierto punto, necesario ya que el hecho de no fumar resulta cada vez más normal en el día a día, digamos que queda cada vez menos presente.



Necesito, o por lo menos yo creo que lo necesito, verle las orejas al lobo de vez en cuando, notar el peligro y superarlo para, poder así, renovar la determinación que tomé hace ya casi mes y medio.



Seguiré temiendo el peligro la próxima vez que se presente ante mí una situación de riesgo cuatro, pero ya sé que puedo superarla, ya no le tengo miedo si no respeto, que creo que respeto es como miedo pero menos.



Sé que aunque las ganas de fumar estén, en un momento dado, presentes y con fuerza, puedo ser capaz no sólo de vencerlas, si no de disfrutar de ese momento tomando unas cañas y unos vinos con mis amigos.



Ésto marca un punto de inflexión respecto a otras ocasiones en las que he dejado de fumar, jamás había superado algo como lo de anoche y creo que en esta ocasión voy estableciendo poco a poco grandes diferencias respecto a fracasos anteriores.



Saco en conclusión que puedo ser capaz de disfrutar dentro de una situación de peligro, ahí queda eso.

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