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Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

martes, 29 de octubre de 2013

LAS SIBILINAS TRAMPAS QUE EL TABACO TIENDE A SUS ESCLAVOS

Ayer fui objeto de una sutil trampa de esas que el cerebro del no-fumador tiende a su propietario, y que tras un mínimo razonamiento, éste es capaz de darse cuenta y ver claramente la mentira que se fraguaba entre sus neuronas.




Estaba en el bar del barrio viendo el partido de rigor con un vecino cuando entró al local otro, este último es la típica persona madura y responsable que da sensación de tener plena consciencia de sus actos y de ser totalmente consecuente con sus decisiones.



Este último vecino dejó de fumar aproximadamente a la vez que yo, habíamos charlado alguna vez sobre el tema y el convencimiento que me transmitía al respecto me parecía poco menos que inquebrantable, digamos que envidiaba su situación respecto al haber dejado de fumar por considerarla mucho más sólida y estable que la mía.



Se da, además, la circunstancia de que es una persona que aparentemente sufre mucha menos dependencia respecto al tabaco de la que yo padecía, un fumador discontinuo en su fumar, de los que se calzan ocho cigarros de un tirón y en tres días no dan una calada.



El caso es que nada mas entrar a nuestro bar de confianza sacó un cigarro y se lo encendió, yo no le dije nada por que sé que es poco grato para alguien que ha dejado de fumar y ha fracasado que se ponga de manifiesto su caída a las primeras de cambio, o por lo menos a mí así me lo parece.



Actúe con absoluta naturalidad disimulando la sorpresa que me había llevado.



Pero dentro de mi cerebro se mascaba la tragedia.



No sé cómo ni porqué, pero me encontré instantes después pensando que si alguien como mi vecino había sido incapaz de resistir, era perfectamente normal que yo, una persona débil ante la tentación de la nicotina, cayese en la trampa, mas aún en un momento tan propicio como lo es el visionado de un encuentro de fútbol con unos amigos en un bar.



Ya tenía la coartada perfecta, y si no me daba un poco de prisa en aprovecharla no iba a poder echarme “pal pecho” ese cigarrito que tanto me apetecía. No podía dejar a la parte de cerebro que me pide que no fume que volviese a tomar el control de la situación.



Afortunadamente reaccioné a tiempo, aunque, para ser justos y dar al César lo que es del César, hay que decir que la fortuna no tuvo nada que ver, como decía, reaccioné y conseguí desmontar la trola que mi propio cerebro me estaba liando.



El planteamiento que mi coco hacía de la situación, es escandalosamente incorrecto: como él, que es una persona seria, madura, responsable y, por tanto, mucho más capacitada que yo, un pobre pecador, para dejar de fumar, ha vuelto, es inútil que yo me resista, y puestos a volver a fumar qué mejor momento que ahora al colorcito del humo que exhalan mis compañeros y viendo el partidito de fútbol en la tasca entre machotes.



Vamos, que la situación pedía un cigarro a gritos.



Este planteamiento, amén de incorrecto, es absurdo, aún dando por bueno, que es mucho dar, que el vecino en cuestión sea mas serio, maduro y responsable que un servidor, no tiene nada que ver con que esté o no mas capacitado que yo para dejar de fumar.



Además el hecho de que la dependencia tabaquil de mi vecino sea, aparentemente menor que la mía, tampoco le habilita mas que a mí para dejar de fumar ya que contra la dependencia del tabaco está la determinación por dejarlo y mi determinación puede ser (y creo que lo es) mucho mayor que la suya.



Esta es mi conclusión; a fecha de hoy, yo estoy en mejor disposición que él y esto es algo que tiene que fortalecerme.



Resulta curioso que los momentos que mas fortalecen a uno son los de más debilidad, es una especie de plasmación de la máxima del Aikido: usar la fuerza del enemigo para acabar con él.



No puedo señalar de manera concreta una situación análoga a ésta que haya vivido anteriormente, pero sé que las ha habido y sé que en algunas ocasiones no las he superado.



A partir de ahora voy a prestar especial atención a mi cerebro, sé que va a volver a intentar engañarme.

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