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Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

sábado, 2 de noviembre de 2013

SORPRESA

Esta tarde he vivido una de esas situaciones. Me estaba preparando la bolsa con las cosas que tenía que llevarme al trabajo, entraba con el turno de noche y, al coger una mochila que no usaba hacía tiempo, he encontrado dentro un purito. Vaya usted a saber el tiempo que llevaba ahí el condenado.




El plan de la tarde consistía en terminar de preparar la mochila y tirarme en el sofá a ver un partido de fútbol antes de ir al trabajo. Estaba sólo en casa, y, en tal tesitura, tirarme a la bartola con los pies encima de la mesa resulta algo poco menos que obligatorio para cualquier Rodríguez que se precie.



El caso es que ese purito ha aparecido ante mí como una siniestra revelación, mi cerebro lo ha convertido inmediatamente en complemento ideal para la bebida, los snacks y el fútbol.



El factor desencadenante de esta perversa conversión ha sido netamente psicológico, no siento necesidad alguna de fumar en lo que respecta al plano físico.



Evidentemente he rechazado la confabulación que en mi cerebro se mascaba, no creo que ahora estuviese escribiendo ésto si llego a caer.



De esta situación, como de casi todas en la vida, tengo que esforzarme por aprender para poder aplicarlo en el futuro, aunque en, realidad no he aprendido nada nuevo, sólo he vuelto a experimentar una sensación cientos de veces repetida hasta ahora y que sé que se repetirá cientos de veces a partir de ahora.



Lo positivo del asunto es que salgo nuevamente reforzado, he vuelto a ser tentado por el enemigo y he conseguido volver a rechazar su tentación. Sé que puedo volver a hacerlo pero me entristece pensar que el resto de mi vida, o gran parte de ella (suponiendo que acabe ganando la batalla), tendré que permanecer inmerso en un conflicto, es triste pero es así, sólo puedo aceptarlo.



La tentación relatada la calificaría como de grado tres en una escala que va de uno a cinco, en la entrevista de esta semana con Cristina sacaré el tema de la situación de riesgo de grado cinco, esa situación en la que todos los condicionantes van a estar confabulados en contra mía al mismo tiempo, esa situación a la que tanto temo y que tantas ganas tengo de superar, sé que no va a tardar en presentarse.



Esta semana está siendo desapacible, son días de mucho frío y mucho viento, por lo que mi actividad deportiva está un poco estancada, salir ahora supone sufrir demasiado y sufrir demasiado hoy implica una menor motivación para salir mañana. Estoy deseoso de que venga mejor astro para poder seguir progresando.



La última carrera se prolongó durante una hora y veinte minutos a través de un terreno salpicado con grandes desniveles, sigo sin silbar la melodía de “verano azul” mientras corro pero el progreso que noto es evidente y muy satisfactorio.



Ahora vienen unos días de fiesta, imagino que volveré a escribir pronto, en cuanto a las pastillas, las sigo tomando con regularidad, siguen cumpliendo su misión y las molestias gástricas que me han ido causando son cada vez menores, la mayor parte de las veces inapreciables.



Aquí estoy de nuevo, la cosa sigue viento en popa, ayer salí nuevamente a correr y puedo decir que disfruté de los sesenta minutos que empleé en ello. Experimenté la sensación de estar corriendo rápido, o, o por lo menos, de ir con bastante soltura, en todo momento noté que podía apretar más y me paré por que el cronómetro dijo: “ya”, o sea, que podía haber seguido.



La intención para hoy era volver a salir, pero la meteorología estaba imposible, mucho viento, mucha agua y mucho frío, me fastidia enormemente que la progresión que estoy consiguiendo pueda llegar a verse frenada por los elementos, aunque no voy a usarlo como excusa como haría Felipe II. No puede durar mucho más el predominio del mal tiempo.



Hoy he recibido la visita de un amigo al que no veía desde hace un mes ya que se había marchado al extranjero. En lo referente al tema que nos ocupa dividiré nuestra entrevista en dos partes:

1. La primera, que ha tenido lugar en el salón de mi casa y, durante la cual, mi amigo se ha fumado un par de cigarritos en la terraza. No puedo negar que algo de tilín he sentido cuando se los encendía, pero si tengo que clasificar la tentación experimentada lo haré como de baja intensidad, nivel dos.

2. La segunda, que ha transcurrido íntegramente en la zona de fumadores de un bar situado en un centro comercial al que hemos accedido a petición de mi amigo. Mientras me ha contado cosas de sus vacaciones en Costa Rica ha fumado como un carretero, al igual que el resto de la clientela, que si estaban ubicados en tan pestilente zona por algo era. Ahí la tentación ha sido algo mayor, pongamos que de intensidad media, o sea tres, aunque no creo haber tenido grandes dificultades para superar la prueba. De cualquier manera, los exámenes que más miedo me dan y a los que, a buen seguro, voy a tener que enfrentarme van a ser de una
exigencia mucho mayor.



Acabo de darme cuenta de que hoy tenía una cita con Cristina y no he acudido, se me ha olvidado completamente, mañana le llamaré para decirle que se me ha pasado.



A partir de ahora comenzaré a espaciar un poco mis escritos, el motivo es que ya no me resulta tan novedoso el hecho de no fumar y, por tanto, la cantidad de acontecimientos reseñables es menor.

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