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Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

viernes, 1 de noviembre de 2013

YA LLEVO TODO UN MES.

Hoy es miércoles, 2 de abril, sin apenas darme cuenta he conseguido permanecer sin fumar durante todo un mes, así de fácil (para quien no sepa lo que es dejar de fumar) y así de difícil (para quien lo sepa).




El balance es enormemente positivo, no sólo por el hecho de no haber probado una triste calada, si no por que el proceso ha sido bastante menos doloroso de lo que esperaba. Evidentemente las pastillas han jugado un importante papel en los aspectos físico y psicológico.



De cualquier forma el principal papel de todo esto lo he jugado yo con mi determinación, tampoco es cuestión de quitarse mérito a uno mismo.



Digo todo esto alejado de triunfalismos y con la prudencia que la que debe hacer gala alguien que ostenta un palmarés tan repleto de fracasos como el mío, no quiero que la alegría y satisfacción por haber alcanzado la bonita cifra de 31 días sin fumar se torne en euforia descontrolada y pueda dar lugar a un exceso de confianza que me haga bajar la guardia.



Más aún, cuando sé que todavía no he afrontado las situaciones tipificadas por mí mismo como mas peligrosas, aquellas que puntuaría como de riesgo cuatro o cinco en mi particular escala.



De alguna manera, no las he afrontado por que he tratado de evitarlas, tengo que reconocer que no he asistido a algún evento de alto riesgo por no sentirme preparado para superarlo con ciertas garantías.



Y así pienso seguir de momento, mientras los acontecimientos peligrosos puedan ser evitados o mientras no me vea con la suficiente fortaleza como para hacerles frente.



Mañana, sin ir mas lejos, tengo concertado uno de elevado riesgo, cifrémoslo como de cuatro, se trata de salir con los amigos a tomar unas cañas y unos vinos. Lo afrontaré un poco de refilón ya que he decidido poner un límite horario y, si fuera preciso por que la cosa se pudiese poner fea he planeado salir corriendo, espero que no haga falta.



Con el límite horario consigo reducir la ingesta de alcohol, factor influyente como ningún otro, y menguar también el tiempo de exposición al peligro. Espero salir airoso de la prueba.



En cuanto al aspecto deportivo mi imparable progresión ha continuado hasta un nivel inimaginable hace un mes. Definitivamente disfruto corriendo, ésto es aplicable a la mayoría de los días ya que los hay mejores y peores independientemente de que uno fume o no.



Me he comprado una radio de bolsillo para aplicar a mis auriculares y así poder escuchar noticiarios o programas deportivos mientras corro, anteriormente sólo oía música. Es bueno variar la “banda sonora” de cada actividad atlética por que supone introducir un elemento novedoso que es otra motivación.



Correr es una motivación para dejar de fumar, pero a su vez, busco otras motivaciones para salir a correr.



Y es que hay ocasiones en las que para salir a correr se necesita una motivación extra, para ser sincero diré que hay veces que salir a correr es algo que no me apetece en absoluto, ahí está el sofá, con su tele enfrente y con el mando a distancia en mi mano, la bolsita de patatas y la bebida refrescante sobre la mesita de salón.



Otra cosa es que, una vez que ya me he puesto en faena, pueda disfrutar del trayecto, que muchas veces lo hago, o que luego, al llegar a casa y ducharme, me sienta satisfecho, cosa que siempre ocurre, pero es innegable que ponerse es lo que mas cuesta.



No quiero obsesionarme con lo de correr la media maratón, es algo que me apetece y para lo que creo que voy a estar capacitado, pero no quiero correr el riesgo de hipotecar todas mis ilusiones a una sola carta, no vaya a ser que algo se tuerza y termine derrumbándose todo cual castillo de naipes.



El otro día estuve pensando acerca de la diferencia entre correr siendo fumador y correr siendo no fumador, llegué a una conclusión que, a mí por lo menos, me pareció interesante.



Hay una frase de uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos, un tal Miguel Indurain, que se me quedó grabada, no literalmente pero sí el sentido de la misma.



El gran deportista navarro dijo una vez algo así como que un factor determinante para que su rendimiento fuese óptimo era la forma y el momento en que “rompía a sudar”.



Bajo mi punto de vista y por propia experiencia, o sea, sin haberme documentado al respecto, tengo que decir que es algo rigurosamente cierto, cuando comienzo a correr estoy en un periodo de incertidumbre que se resuelve de manera satisfactoria en el momento en que rompo a sudar o de manera insatisfactoria si no consigo romper a sudar.



Es éste un momento absolutamente concreto y definido a partir del cual el rendimiento pasa a ser muy superior al experimentado hasta entonces, es una especie de “liberación” del cuerpo que a partir de ese instante se siente mucho más capaz.



A veces, uno no consigue romper a sudar, rompe a sudar tarde o no termina de conseguir romper a sudar. Cuando uno no consigue romper a sudar experimenta durante todo el trayecto una sensación de agarrotamiento, no consigue rendir igual que en otras ocasiones.



Cuando la circunstancia de romper a sudar se produce tarde, se percibe una impresión de leve mejoría que en ningún caso llega a los niveles que se conseguirían si se rompiese a sudar a su debido momento.



También puede suceder que se comience a romper a sudar pero no se termine de conseguirlo, la sensación es igual que si no se hubiese comenzado.



Hay un factor que influye de manera importante en todo ésto, es la temperatura, si es muy baja es difícil conseguir una sudoración adecuada y si es muy alta puede dar lugar a una exudación excesiva que provoque una deshidratación.



Ésta es, según mi experiencia, la barrera que ha de superar un corredor no-fumador para conseguir que su rendimiento pueda llegar a ser óptimo a lo largo de una carrera.



Cuando salía a correr, siendo fumador activo, tenía que superar otra barrera adicional igual de concreta e identificable que la anteriormente descrita como el “romper a sudar”.



Yo denominaría el momento de superación de esta segunda barrera como “el momento en que se abren los pulmones”. Cuando fumaba y practicaba deporte notaba un comienzo de carrera bastante peor, a la falta de sudoración inicial se añadía una sensación de tener los pulmones “semicerrados”, como incapaces de contraerse y expandirse todo lo que debieran, como si funcionasen a medio gas.



Esta sensación se hacía patente a la hora de inhalar, era mucho mayor la cantidad de aire que necesitaba que la que podía tomar en cada bocanada.



Por ello, puedo decir que, en los instantes iniciales de cada carrera, me arrastraba; pero lo hacía a sabiendas de que iba a llegar de repente un momento en el cual mi capacidad pulmonar se iba a incrementar de manera importante. No era un proceso paulatino, era totalmente instantáneo.



Éste momento llegaba siempre, y siempre aparecía antes de romper a sudar, creo que era, en realidad, un paso necesario.



Evidentemente, por mucho que se me abriesen los pulmones primero y rompiese a sudar después, nunca alcanzaba los niveles de rendimiento que podría haber conseguido de no haber sido fumador.

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