Había dejado consciente y deliberadamente esta pequeña reflexión sobre la relación existente entre el tabaco y el vil metal.
Quizá lo haya hecho para no dar a entender en ningún momento que la motivación principal que me influye en el abandono del tabaquismo es el dinero, o mejor dicho, la fuga de “efectivo”.
Tampoco quiero minimizar el factor “parné” a la hora de tomar la decisión ya que es una más de las numerosas motivaciones que podemos tener a la hora de dejar de fumar, si calculásemos el dinero que se va en forma de humo al cabo del año comprenderíamos porqué.
En mi caso el cálculo era bastante significativo, dedicaba un mes entero de trabajo a la financiación del tabaco que fumaba, esto en el mejor de los casos, digamos que es un cálculo bastante conservador.
Además, en esta estimación de gasto, no se incluían partidas correspondientes a mi afición al “otro fumar”, o sea, el dinero destinado a comprar piedra y papel, amén de los mecheros que duraban lo mismo que el cantar de un vizcaíno.
En la sociedad en que vivimos una de las mayores motivaciones para todo en todo momento es aquella relacionada con el vil metal; sigo en mi línea conservadora con esta aseveración ya que donde puse “una de las motivaciones más poderosas” quizá debí poner “la motivación más poderosa”.
Quiero creer que hay en nuestra sociedad, tanto a nivel colectivo como individual, valores más apreciados que el dinero, aunque cada día me cuesta más creerlo.
En anteriores intentonas para dejar de fumar lo utilicé como efecto motivador del día a día, como uno de los principales argumentos que me convenciese a cada nueva tentación de lo importante que era no volver a caer en el tabaquismo.
Tengo que decir que la experiencia no fue favorable, que el efecto dinero duró bastante menos de lo que había previsto inicialmente.
Al ponerlo en práctica creí firmemente que la observación diaria de cómo iba creciendo el ahorro a base de capital inicialmente destinado a humo, iba a ejercer un efecto beneficioso sobre mi determinación de dejar de fumar.
Mi conclusión es que yo nunca dejaría de fumar por ahorrarme dinero, no es que ande sobrado de parné ni mucho menos, soy un trabajador de clase media con mi correspondiente y pesada hipoteca, creo que vivo mas o menos bien ya que mi mujer también trabaja y aporta tanto dinero como yo a la economía familiar, pero tampoco es nuestra situación la apropiada para permitirse excesivas licencias.
Lo que tengo claro es que, si yo fuese fumador activo, uno de los gastos primordiales a los que haría frente sería el tabaco.
Tendría que quitarme de muchas otras cosas antes que suprimir el tabaco de mi “dieta”, cuando uno fuma, el tabaco se convierte en algo tan importante, y a veces más, como la propia comida.
En otras ocasiones traté de usar el dinero que ya no se me iba como estímulo para seguir sin fumar, recuerdo una caja roja, una hucha, un bote de conservas vacío, una pecera; ya que su inquilino (pigüi) había fallecido en circunstancias poco claras), el cajón de una mesilla …
Al final, a uno se le olvida poner la pasta diaria, o decide el lunes poner todo el dinero correspondiente a la semana, con lo cual, el juego pierde todo su encanto.
También puede pasar que uno se gaste el dinero acumulado en la compra semanal del hipermercado para evitar así tener que ir al cajero. Una simple cuestión de vagancia.
Mi problema con este sistema ha sido una evidente falta de constancia para llevarlo a cabo, lo peor de todo es que esta estrategia, al convertirse en un pequeño fracaso, se vuelve contraproducente, estorba más que ayuda para la consecución del objetivo marcado; y es que en la tesitura del dejar de fumar, cualquier pequeño fracaso es peligrosísimo.
No quiero decir con ello que esta estrategia-incentivo vaya a terminar siendo necesariamente un fracaso, desde luego que para mí lo ha sido, pero es importante tener presente que cada fumador es un mundo, que a cada uno le mueven más unas motivaciones y menos otras, y, por tanto, el sistema de la hucha pudiera ser beneficioso para otro.
En mi modesta opinión, el problema es que el dinero sea el principal motivo para dejar de fumar si quien abandona el hábito es capaz de afrontar la financiación del mismo sin mucho trastorno económico.
En resumidas cuentas, tenemos a un no-fumador padeciendo una enorme ansiedad, fruto de la retirada de la nicotina y demás agentes tabaquianos, y ese no-fumador tiene a su alcance todas las facilidades del mundo para conseguir tabaco, inicialmente sólo a cambio de una pequeña cantidad de dinero. Además tiene la certeza de que, aunque vuelva a fumar, va a ser capaz de permitírselo económicamente.
Creo que es muy difícil mantener el tipo ante esa tesitura en caso de que realmente la principal motivación que ha llevado a la persona al abandono del tabaco ha sido el dinero.
Puedo asegurar que si el hecho de fumar no supusiese riesgo ni perjuicio alguno para mi salud, y aún valiendo cada paquete de tabaco (que ya son exageradamente caros) cinco veces más de lo que vale en la actualidad, es posible que ni siquiera me hubiese planteado dejarlo, quizás reducirlo sí, pero dejarlo seguro que no.
Ejerce una influencia mucho más poderosa sobre mí la imagen de un paciente traqueotimizado, que tiene, incluso, que ponerse en manos de un logopeda para poder malhablar con ese deje de asfixia, o la de ese paciente con los vasos sanguíneos obstruidos que precisa intervención quirúrgica inmediata, o la de quien termina padeciendo por esta vana causa problemas cardíacos, o cánceres del aparato digestivo, o tumores de pulmón, …
Y eso poniéndome en el peor de los casos, pero tampoco necesito ir tan lejos, sólo me basta con ver la calidad de vida del día a día en mi propia persona ahora que lo he dejado, la mayor vitalidad que disfruto, la sensible mejora de algunos de mis sentidos como el gusto y el olfato, la sensación del libertad que supone el no estar a cada momento pendiente de cuando me voy a fumar el próximo cigarrillo, la satisfacción que obtiene uno al comprobar que puede con el tabaco; que tiene control sobre uno mismo, …, éstos y muchos otros son para mí motivos más que suficientes.
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1 comentario:
Sí, la verdad es que se te va una pasta de la hostia
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