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Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

sábado, 2 de noviembre de 2013

EL NO FUMAR Y LOS SENTIDOS

Otro elemento positivo que se experimenta al dejar de fumar es la recuperación paulatina de los sentidos del gusto y del olfato, sólo puede hacerse a la idea de cómo es esta recuperación quien ha fumado y, por tanto, ha atrofiado ambos sentidos y luego ha dejado de fumar para volver a recuperarlos en todo su esplendor.





Es increíble cómo todo sabe y huele más.



Se incrementa la apetencia por la comida, este incremento puede ser fruto de la ansiedad producida por la retirada de la nicotina, de la recuperación de gusto y olfato, o, seguramente de una combinación de ambas.



Mi caso actual creo que es el mejor de los tres, aunque quizá no de forma neta creo que mi mayor apetencia por la comida es debida principalmente a que todo me sabe mejor, no niego que, en algún momento, la ansiedad producida por haber dejado de fumar me empuje a comer, pero tampoco puedo asegurar que se trate de una relación causa-efecto, ya que, siendo fumador también me sobrevenían ataques de ansiedad aplacables con la ingesta de comida. Ataques que eran mucho mas virulentos y frecuentes si el cannabis estaba entre los elementos de mi dieta fumatoria.



Una circunstancia curiosa, al menos para mí, relativa al hecho de fumar y comer es la ausencia de postres en mi dieta cuando era fumador. No se trata de que no me gustasen, o de que no me apeteciesen, se trata simplemente de que cuanto antes terminaba de comer antes me encendía el cigarro.



Es como si las comidas se convirtiesen en una obligación, en un trámite ineludible por el que hay que pasar para llegar al momento verdaderamente importante que es el momento de fumar.



Esto es así por que parece mal fumar entre plato y plato, o incluso fumar a la vez que se come, creo que, afortunadamente, vivimos en sociedad y determinadas acciones en determinadas circunstancias son capaces de retraer hasta al fumador más empedernido.



Evidentemente no reconoces ante nadie el motivo real por el que no te tomas ese delicioso trozo de tarta que ha preparado tu madre con tanto esmero y dedicación. Eres incapaz de admitir que no puedes esperar diez minutos para encender un cigarrillo.



Y no lo haces, el admitirlo, por el sencillo motivo de que eres capaz de ver lo absurdo que podría parecer el reconocer que estás esclavizado por el tabaco hasta tal punto, es algo que no se comenta siquiera con otro fumador en idéntica situación. En su lugar uno se excusa diciendo que no le apetece el postre o, como yo hacía, decir “yo nunca como postre” que era una solución socorrida y válida para todas las ocasiones.



Esto es algo que me llamó la atención en mi última entrevista con Cristina, cuando le conté que no esperaba a comer el postre para poder fumar antes no le sorprendió, parece ser que este comportamiento es bastante más habitual entre los fumadores de lo que yo creía.



Hoy he cumplido tres semanas sin fumar, cada vez se hace más pausada la redacción de este escrito ya que, cada vez me cuesta más escribir sin tener la sensación de que me repito constantemente.



Lo sigo llevando bien, aunque a veces, he notado que toda la fortaleza de la que estoy haciendo gala puede irse a freír espárragos ante una situación comprometida.

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