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Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

lunes, 11 de noviembre de 2013

EL RECHAZO SOCIAL

Uno de los aspectos que se argumentan para defender que la gente deje de fumar es lo que se ha dado en llamar el “rechazo social”, a mí, como fumador, ese rechazo social me ha importado siempre un bledo.




Nunca he notado ese supuesto rechazo como algo común o cotidiano, y si de manera concreta lo he notado alguna vez mi reacción ha podido ser la de apagar el cigarrillo cívicamente para no molestar al pobre ciudadano que me transmite de manera discreta su incomodidad o la de echar deliberadamente el humo a la cara del toca pelotas de turno que me recrimina de malas maneras que esté fumando en un sitio donde está permitido hacerlo.



Lo que no puede esperarse es que de un día para otro alguien invente el concepto del “rechazo social” y se cree de la nada algo que no existe mas que en las conciencias de quienes están predispuestos a creérselo, el rechazo viene mas bien desde el lado institucional.



No sé cuál sería el enfoque más acertado para promocionar el abandono del tabaquismo, pero creo que todavía no se ha dado con él.



El rechazo, en todo caso sí que lo he notado, y no precisamente en mis propias carnes, cuando alguien fuma en un sitio donde está expresamente prohibido, incluso ese rechazo puede provenir desde algún fumador, pero lo que se censura en tal caso no es el hecho de fumar, sino el hecho de saltarse la ley por estar humeando donde no se puede.




Es éste un país donde es tremendamente difícil encontrar un término medio para casi todo, no es bueno pasar del blanco al negro en una conducta social absolutamente arraigada e incluso fomentada durante decenios, es posible que en un futuro exista ese “rechazo social” pero a, fecha de hoy, no pasa de ser un invento oportunista, una ilusoria e interesada generalización de conductas independientes y aisladas.



Y aquí estoy, haciendo un poco de defensor del diablo, que es algo que siempre me ha gustado, lo que sí espero de todo corazón es no llegar a ser ese ex-fumador amargado hasta las trancas por que no puede fumar, que se dedica, cual templario, a abanderar una cruzada persecutoria, en este caso, contra el fumador.



Actitud necia donde las haya, pues el enemigo es, en todo caso, el tabaco, nunca el que se lo fuma.

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