El primer día que aguanté los sesenta minutos confluyeron una serie de circunstancias que no ayudaron en nada, aguanté todo el tiempo que había prefijado por cabezonería.
Soplaba un viento huracanado, que en ocasiones, hacía más apetecible subir una pendiente empujado por viento de popa que bajarla con la ventisca de frente.
El segundo día ha sido hoy, en apariencia, concurrían todos los condicionantes para pensar que iba a tratarse de un agradable trotar al ritmo de la música de “Héroes del Silencio” que es lo que llevo estos días para reproducir en mi MP3. No ha sido agradable en absoluto, me han sobrado los últimos veinte minutos, si no llevase cronómetro al salir a correr, me retiraría muchas veces antes de lo que me retiro.
Todavía no disfruto corriendo, sé a ciencia cierta que es algo que llegará, sólo pasa que soy un poco impaciente y pretendo estar igual que cuando llevaba dos meses entrenando y sin fumar.
De cualquier forma, lo que me falla ahora es el fondo muscular, necesito que mis piernas recuperen las vacaciones que les he dado.
En cuanto a capacidad pulmonar, me veo mucho mejor que en los días anteriores. Digamos que mis pulmones están, ahora mismo, muy por encima de mis piernas.
Complementaré mi práctica deportiva del atletismo con algo de ciclismo, tengo la posibilidad de hacerlo tanto en bicicleta estática como en bicicleta normal, o sea, dinámica. Lo hago por que noto que el correr distancias más o menos largas, termina por desgastar las rodillas.
Y es que, a cierta edad, se impone la necesidad de economizar recursos físicos si uno quiere poder practicar deporte durante muchos años.
Tengo aparcada en el trastero una bici de montaña que me compré con mucha ilusión y a la que todavía no he hecho mucho caso, esta dejadez es fruto de la vagancia que me produce el tener que ir a buscarla a un sitio donde no llega el ascensor y bajarla hasta el mismo sobre mis sufridas espaldas por un respetable tramo de escaleras.
Me regalaron por mi cumpleaños una silla que se puede acoplar a la bicicleta que sirve para llevar a un niño cómodamente sentado, con el regalo de la silla iba un imprescindible casco tamaño cráneo infantil. Vaya regalos éstos que le hacen a uno y son, en realidad para otro.
Quizás sea demasiado incidente, o como dicen en mi pueblo “demasiado canso”, con el tema del deporte, no es que intente vanagloriarme aquí de mis éxitos, mas bien, lo hago por que creo que viene muy a cuento ya que es para mí una parte importantísima de la terapia.
Otro día mas, por empezar donde lo dejé anoche, diré que la falta de tiempo ha hecho que mi práctica deportiva de hoy sea lo más concentrada posible, es decir, ejercicio en la bicicleta estática, ejercicio consistente en un sprint continuo de diez kilómetros que viene a costarme unos doce o trece minutos, durante el cual, sudo mucho.
Sin más, ni me he visto bien ni me he visto mal, tengo una tendencia natural a evaluar cada praxis deportiva y compararla con actuaciones previas, creo que es bueno por que me sirve de motivación, aunque a veces me obsesiono un poco.


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