Una condición importante, no sé si imprescindible, para dejar de ser fumador es tener plena consciencia de la condición de uno mismo, no por el hecho de haber dejado de fumar tengo que considerarme ya ex-fumador, y sé que es posible que me haya definido así alguna vez en lo que va de escrito, procuraré no volver a hacerlo.
Lo que realmente soy es un fumador que ya no fuma, que siente deseos de fumar cada vez que se toma un café, que sabe que si prueba un sólo cigarrillo se volverá a activar el mecanismo que le llevará irremediablemente a fumar de nuevo como lo hacía antes de dejarlo, que evita mirar, siquiera, la máquina expendedora de tabaco del bar de turno.
Ese tiene que ser mi escudo, jamás voy a ser igual que alguien que no ha fumado nunca y creo que, bajo este prisma, lo mas inteligente es no tratar de serlo, o, mejor dicho, no tratar de creer que lo soy, voy a ser fumador de por vida pero deseo no volver a fumar nunca más.
Alguna de las recaídas que he tenido, o todas, han venido dadas por no saber clasificar el tipo de cigarrillo que me iba a fumar, me refiero al primero, al que ha vuelto a iniciar el proceso.
Siempre, o casi siempre, las recaídas han tenido lugar en situaciones mas o menos especiales, mi cerebro de manera maliciosa ha tratado de asociar el hecho de fumarme ese cigarrillo con la circunstancia especial, dotándolo, por tanto de un halo de excepcionalidad, haciéndolo distinto al resto de cigarrillos y, en consecuencia, único.
Falso, me he autoengañado, ese cigarrillo nunca ha sido especial ni único ni sobrevenido, siempre ha sido deseado y sólo ha hecho falta una burda excusa para timar a mi cerebro ya de por sí predispuesto a dejarse engañar.
En el fondo envidio a esas personas que son capaces de salir a cenar un sábado y fumarse cinco o diez cigarrillos esa noche sin volver a acordarse del tabaco en un mes, no puedo aspirar a ser como ellos pero tengo que reconocer que esa sería mi relación ideal con el tabaco.
Firmaría ahora mismo un consumo diario medio de unos cuatro cigarrillos, el problema es que me he demostrado a mí mismo en infinidad de ocasiones que soy incapaz de mantener ese nivel más allá de cuatro o cinco días.
Hay amores que son imposibles y, sobre todo, hay amores que matan.
Hoy he vuelto a entrevistarme con Cristina, nada nuevo, pero como dicen los ingleses “No news, good news”, le he comentado lo sorprendido que estoy por lo fácil que está resultando. Creo que habrá que preparar el momento en que la terapia acabe.
Ahora me veo muy fuerte, pero sólo son necesarias unas décimas de segundo para que todo se vaya a hacer puñetas.
Otro aspecto en el que creo que estoy mejorando mucho es en la capacidad que voy desarrollando para disociar las circunstancias que me rodean del hecho de fumar, es decir, sé que no he dejado de fumar en el momento aparentemente más apropiado (suponiendo, que es mucho suponer, que ese momento realmente exista), pero creo que estoy consiguiendo que la acumulación de stress personal y laboral no influya en el hecho de fumar o no fumar.
Dicho así puede parecer fácil, pero no lo es en absoluto; como fumador he asociado el tabaco con (entre otros) momentos de relajación, una asociación engañosa en la realidad pero auténtica por que existía en mi cerebro.
El cigarrillo suponía aparentemente, un paréntesis en mitad del agobio, un tiempo muerto en el que mi mente se veía liberada de toda preocupación y preparada de nuevo para afrontar cualquier situación con una mayor claridad de ideas.
Falso, mi mente seguía a lo suyo, si la cuestión era descansar, podía descansar de igual manera fumase o no fumase ya que el hecho de fumar, para quien lo hace compulsivamente, es un acto mecánico para el que el cerebro no necesita aportar actividad alguna salvo pararse a veces a pensar que donde narices he dejado el mechero. El cerebro es capaz de funcionar igual independientemente de que el individuo esté o no echando humo.
Además, la necesidad de fumar supone un punto de stress añadido, ese punto y sólo ese punto es el que puedo eliminar cuando fumo, sé que lo más práctico es no añadir ese plus de stress para luego no tener que eliminarlo, al igual que no tiro las cosas al suelo para tener luego que recogerlas o no subo hasta un quinto piso por la escalera cuando en realidad voy al segundo.
Realmente, en mi condición de fumador, me veo como un enfermo, presa de una adicción que no me gusta, que me limita físicamente, que me cuesta una pasta gansa, que ofrece una imagen de mí a mi hijo que no me gusta, que me provoca mal aliento, que me hace estar a disgusto por que cuando fumo quiero dejarlo y cuando no fumo me apetece fumar, …, en definitiva, un vicio con el que tengo una relación digna de la más lastimosa canción del dúo Pimpinela, “mal contigo y mal sin ti”.
Es increíble, y es que, además, soy plenamente consciente de que en lo referente al plano físico es el tabaco algo totalmente prescindible, que es el factor psicológico el que me empuja a seguir fumando, ¿pero tan poco amos somos de nuestro propio cerebro? ¿Cómo es posible que unos seres, a los que se supone inteligentes, tengan tan poco control sobre el centro de la propia inteligencia, el centro de la voluntad? ¿Cómo puede ser que algo tan dañino por un lado, y tan poco gratificante por el otro, se imponga sobre nuestra voluntad de una manera tan insultante?
No puedo llegar a entenderlo.
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2 comentarios:
"Además, la necesidad de fumar supone un punto de stress añadido, ese punto y sólo ese punto es el que puedo eliminar cuando fumo, sé que lo más práctico es no añadir ese plus de stress para luego no tener que eliminarlo"
Comprender esa ídea es la clave que nos hace falta dejar de fumar definitivamente.
Yo pensaba que el tabaco proporcionaba placer o relajación, cuando lo único que me aliviaba era el mono de fumar.
Una vez que pasas el mono físico, si tienes claro que el tabaco no te proporciona nada, ni placer ni sosiego, ni nada, sino que te lo quita, creo que la curación es prácticamente un hecho.
Me ha conmovido muchísimo el leer lo que escribiste, puesto que yo me siento exactamente igual, soy preso de un cigarrillo, leer lo que escribiste es como prácticamente leer mi mente, saludos y ánimos.
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