Hoy no es mañana, han pasado dos días y terminó ya la época de contar de veinticuatro en veinticuatro horas el paso del tiempo sin fumar, ya he superado la semana y tengo la impresión de haber desembarcado en una nueva dimensión.
No he escrito estos dos últimos días por falta de tiempo, por temas personales, que no vienen a cuento, he llegado a casa por la noche agotado y el sueño ha podido conmigo.
Como dije anteriormente, he tratado de dejar de fumar varias veces con la ayuda de cierto libro escrito para tal fin. He de reconocer que me ha sido de utilidad y que gracias a él he establecido mis mejores plusmarcas sin humo, aunque para mérito mío también diré que la predisposición que he mostrado en todo momento ha sido la máxima de que era capaz y que he seguido las instrucciones al pie de la letra.
Todos los argumentos ahí expuestos me han resultado convincentes, imagino que, en gran medida por la falta de sentido crítico y la total receptividad con que lo he leído.
Ahora, con algo de perspectiva, le veo algunas grietas, reitero que, en su mayor parte, creo que dice verdades como puños y que, como fumador, puedo así atestiguarlo.
Se nota que lo ha escrito un ex-fumador, el caso es que tras varios fracasos, habiendo tenido en ellos el libro como tiene la Biblia un creyente, me voy a plantear porqué no ha funcionado conmigo.
En primer lugar, no se puede decir desde el título que “es fácil dejar de fumar” por que no es fácil ni sabiendo cómo ni sin saberlo, y mucho menos puede decirse que no va a ser necesario que se apele a la fuerza de voluntad. Ambos conceptos son falsos.
El método propuesto peca de triunfalismo, trata que el lector experimente una sensación de seguridad en sí mismo que no es real, o, cuando menos, es un arma de doble filo. Se bombardea con conceptos tipo “ya estás curado”, o “ya eres ex-fumador”, o “ya eres libre para siempre”, o “nunca volverás a fumar”, que no se corresponden con la realidad.
En mi última entrevista con Cristina, ella incidió, y creo que con bastante acierto, de alguna manera en esta cuestión, comentó que es utópico decir que no voy a fumar nunca más. El “nunca” o el “siempre” son palabras con un contenido demasiado absoluto que sobrepasa la vida de un simple mortal, más aún, aplicadas a la vida de un ser humano resultan demasiado definitivas. Sobre todo si tenemos en cuenta que casi nada es blanco o es negro.
Puedo asegurar que hoy, rodeado de una serie de circunstancias que me envuelven e influyen, tengo la intención de no volver a fumar; sin embargo un cambio coyuntural puede hacer variar las condiciones y terminar cambiando la decisión.
Cuando vuelves a caer en las garras del tabaquismo, tras haber intentado dejar de fumar con todas tus fuerzas y con la inestimable ayuda del libro, te sientes un fracasado incapaz de abandonar el tabaco.
Y te sientes así por varios motivos, uno de ellos es el enorme porcentaje de éxito, la abrumadora mayoría de fumadores que han seguido el método y han dejado de fumar.
El porcentaje de fracasos que se atribuye el autor del libro hacia su método ínfimo.
No me lo creo, eso soy capaz de decirlo ahora que tengo mas perspectiva y varios intentos fracasados a mis espaldas, cuando has “entregado tu alma” a seguir los consejos y creer a pies juntillas la doctrina no dudas de que aquellos que han hecho lo mismo que tú han conseguido dejar de fumar en su gran mayoría.
En el momento en que vuelves a estar enganchado sientes que definitivamente estás dentro del pequeño porcentaje de desgraciados inútiles que no han podido abandonar el tabaquismo mediante el mejor método existente bajo la faz de la tierra y que, por tanto, son ya carne de nicotina de por vida.
Sencillamente creo que los porcentajes de éxito con los que se vanagloria el autor del método son un mero factor propagandístico encaminado más a la venta masiva de ejemplares que a una exposición de la cruda realidad. Con ello se hace un flaco favor a quienes ponen toda la ilusión desde la primera página y terminan fracasando.
Muchas veces la mejor estadística es la que proviene del propio entorno de uno, personalmente conozco a cinco sujetos que han intentado dejar de fumar de esta manera, los cinco siguen siendo fumadores, demasiada casualidad para una estadística tan abrumadora.
El libro, en algún momento se torna místico, te habla de que, transcurrido un tiempo, inferior al mes, tras haber dejado de fumar, vas a sentir lo que llama “el momento de la revelación” en el que según dice vas a ver el cielo mas luminoso.
Creo que la mística y la poesía sobran en este caso, y lo creo, básicamente, por que jamás he llegado a percibir ese momento ni he llegado a ver el cielo mas azul que de costumbre.
Afortunadamente ni el tabaquismo ni la ausencia de él han afectado nunca a mi sentido de la vista, el cannabis quizá, pero el tabaco a palo seco nunca.
En todo caso sí he notado un descenso gradual de la “insistencia” con que mi cuerpo me pide nicotina, eso sí, pero nada más. Chorradas las justas.
Otro efecto adverso sobre quien ha dejado el hábito con el método en cuestión y, a posteriori, ha vuelto a cogerlo es el recuerdo de los consejos de compasión que se dirigen del ex-fumador hacia los fumadores. Esto provoca una sensación de autocompadecimiento que no resulta grata ni beneficiosa para la autoestima.
Dicho lo dicho, que no es poco, la valoración general que hago del método sigue siendo positiva, tal vez no tan positiva como lo era antes pero positiva al fin y al cabo.
Se pueden leer muchas cosas que ni el fumador ni siquiera se ha planteado en su vida, tal vez por que haya evitado planteárselas, y no se ceba especialmente en el tema de la salud.
El tema de la salud es el mas importante factor que me induce a dejar de fumar, pero creo que es contraproducente avasallar al fumador con historias de tumores incurables y padecimientos de agonías insufribles, es un acierto, bajo mi humilde criterio, tratarlo como un factor más entre los múltiples condicionantes que hay en juego.
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1 comentario:
Pues yo, perdona que me meta, no estoy de acuerdo contigo. Creo que todas esas cosas a las que llamas "chorradas" son las armas con las que el autor cuenta para que a enfermos como tú y como yo, podamos ver la realidad. El cielo, sin fumar amigo mío, es mucho más azul de lo habitual. Por lo menos para mí. hoy hago una semana que dejé de fumar y créeme, en un 99% el autor tuvo razón.
Cuando veo a gente, con el frío que hace, en las terrazas de los bares o el la puerta de la universidad fumando siento compasión, porque se, por experiencia propia, que ellos desearían estar dentro calentitos.
A mí, llegar hasta aquí, me ha resultado mucho más fácil de lo que yo imaginaba. (espero seguir así). Lo pasé mal (y ahí es donde entraa ese 1% de desacuerdo con el autor) el primer día, por la noche... quería comer tabaco, no solo fumarlo.
No se si el aspecto místico ha tenido lugar en mí o no, pero la verdad es que cuando pienso en NO fumar una sonrisa se me escp de la cara. Me está resultando fácil Hoy me fumaría un cigarro, porque aún mi monstruo me lo sigue pidiendo, pero se que no es porque tenga ganas, ino porque estoy enfermo. Y es cierto que me estoy curando y que soy un exfumador
Estoy de acuerdo contigo en que las expresiones "nunca" y "siempre" pueden "fallar" de alguna forma. Pero creo que lo mejor es pensar en que NUNC volveremos a fumar. Por lo menos creerlo.... Quizás me haya liado un poco.
he estado 10 años sin fumar y no he podido dejar de fumar ni un solo día en todo ese tiempo. 3650 días sin parar de fumar. Hoy llevo 7 días sin fumar y seguro que es gracias a ese puto libro..
un abrazo!!!
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