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Primero fumador, luego ex-fumador, finalmente (espero) no-fumador.

martes, 19 de noviembre de 2013

VAMOS PROGRESANDO

Veinticuatro horas más, hoy ha sido un día fantástico en lo que respecta al tema que nos ocupa, ha sido estupendo por que, además de haber permanecido otras veinticuatro señoras horas sin fumar, me ha resultado bastante fácil, las tentaciones han sido muy pocas y de intensidad bastante baja.




Sólo puedo contabilizar una un poco fuerte, ha coincidido con una visita de mi cuñada, ella fuma pero sé que le gustaría no fumar, cada vez que venía a casa nos fumábamos un cigarrito en la cocina, al final, a base de repetir esa situación cada visita de María, que así se llama, es asociada por mi cerebro con echarse un cigarrito para el pecho.



A pesar de la facilidad con la que estoy soportando estos primeros días, sigo sin bajar la guardia, no voy a dejarme llevar por la euforia que al final pasa lo que pasa.



Por cierto, otra buena noticia, las pastillas no me han producido ningún efecto adverso.




Hubo una pregunta que me llamó la atención en la última entrevista que tuve con Cristina, es una pregunta que viene de cajón para cualquiera que desee abandonar la ingesta de humo; me dijo: “y tú,…, ¿por qué quieres dejar de fumar?”. Lo sorprendente de esta pregunta es precisamente que me sorprenda que me la formulen. Es posible que esa pregunta ya hubiese llegado a mis oídos con anterioridad o que ya la hubiese leído en algún lado pero no recuerdo haber meditado profundamente sobre la respuesta. A veces tenemos algo a un palmo de nuestra nariz y somos incapaces de verlo.



Me sorprendí a mi mismo por lo rápido que reaccioné ante esa pregunta que inexplicablemente nunca me había hecho con la seriedad que merece y por lo acertado de mi respuesta. “Por mi salud” le dije. Meditándolo mas tarde, creo que no podía haber respondido nada mejor, ese es el motivo principal, si ese motivo no existiese, seguramente no dejaría de fumar; y si sólo existiese ese motivo seguro que mis ganas de dejarlo serían las mismas que ahora.



No quiero dar a entender que el resto de motivos no sean importantes, que lo son y mucho, sólo que el tema de la salud es el único motivo verdaderamente determinante.



Respecto a la salud veo dos aspectos que me parecen distintos:

- La salud, entendida como el estado físico que tenemos en el día a día, la capacidad para subir por unas escaleras hasta un segundo piso sin notar que los pulmones no pueden coger mas aire, el poder estar un par de horas corriendo detrás de mi hijo sin tener que sentarme tres o cuatro veces por que me canso, el tener una vitalidad suficiente como para estar una mañana entera haciendo cosas sin llegar al mediodía a casa con la sensación de estar hecho polvo. Es la salud cotidiana.

- La salud, entendida como la preservación del cuerpo ante futuras enfermedades potencialmente graves, creo que a todo fumador le aterra pensar o por ello evita pensar que prematuramente pueda sobrevenirle un cáncer que termine con su vida antes de tiempo tras un doloroso periodo de agonía. Es una perspectiva terrible que, sin embargo, no disuade a los fumadores de seguir tragando todos esos productos cancerígenos que el tabaco deposita en nuestro cuerpo, no disuade a los fumadores de entrar a jugar en esta lotería macabra. No nos afectan las estadísticas, o sí, pero no de forma suficientemente intensa como para que el fumador deje de serlo al momento. Imagino que es una conducta que entra dentro de lo normal para los miembros de nuestra especie, todos hemos oído hablar de la cantidad de gente que muere en accidentes de tráfico por no llevar puesto el cinturón de seguridad y, sin embargo, hay muchos conductores y acompañantes que todavía son incapaces de ejecutar un gesto tan sencillo como ponerse el cinturón. Hay una frase del libro “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo” que me impacto enormemente, es algo así como “¿será el próximo cigarrillo el que inicie el mecanismo que de lugar a la aparición de un cáncer?”. En mi grupo de amigos ha tenido lugar una casualidad de esas que parecen desafiar al mundo de la estadística, de los diez o doce integrantes que podamos ser, el único que está sufriendo un proceso canceroso es el único que no fuma ni ha fumado nunca, no bebe y apenas ha bebido nunca, o sea, a priori el mas sano de todos. La conclusión que se puede extraer es tan inmediata como errónea, las estadísticas manejan datos que se sacan en base a una enorme cantidad de “muestras”, un hecho aislado es también parte de la estadística aunque el porcentaje de probabilidades de que ocurra es menor. En ningún caso por que ese hecho se haya producido quedan comprometidos los resultados de la estadística.



En fin, ya son tres días, mañana serán cuatro días sin fumar, seguro.



Ya estamos de nuevo aquí y vamos a por el cuarto día, me he despertado, mas o menos, a las ocho de la mañana y ya he hecho frente a las habituales obligaciones matutinas que consisten básicamente en preparar a mi hijo (despertarlo, acercarlo a la taza del water para que haga sus cositas, preparar desayuno, dárselo, vestirlo y asearlo) y llevarlo a la guardería.



La pastilla de por la mañana (que ahora tomo dos, una por la mañana y otra por la noche) me ha causado cierta sensación de nausea que, afortunadamente, no ha pasado a mayores. Afronto el nuevo día con la guardia en alto y consciente de que es una jornada peligrosa por que hoy se celebra el partido que mencioné anteriormente, al final del día espero poder decir “prueba superada”.



En este nuevo intento para dejar de fumar he tenido suerte ya que coincide con que mi mujer (Lucía) está embarazada y ella, que en otras circunstancias es fumadora habitual aunque no fume tanto como yo, ahora no fuma, es, por tanto, el ambiente hogareño absolutamente propicio para la consecución de mi objetivo.



Por cierto, ella dice que cuando está embarazada (que ya es la segunda vez) deja de apetecerle fumar de forma natural, creo que después de que dé a luz tratará de seguir sin fumar, ya le he notado algún interés por el método que yo estoy siguiendo.



Por otro lado, y sin abandonar el ámbito familiar, no quiero que mi hijo Marcos ni el que venga me vean a partir de ahora con un cigarro entre los dedos. Los niños tienden a imitar todo aquello que ven, especialmente en sus padres, y, además, muchas de las imágenes que perciben a tan temprana edad se quedan grabadas a fuego en sus retinas.



Me sentiría deslegitimado en un futuro para aconsejarles que no fumen si ellos me han visto toda la vida fumando. Ojala jamás fumen ese primer cigarro que, en multitud de ocasiones, es seguido por cientos y cientos de cigarros más.

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